Un especialista en regulación ganó el Nobel de Economía

Un especialista en regulación ganó el Nobel de Economía

Por Luisa Corradini
Su nombre estaba desde hacía días en boca de todos como posible candidato al Nobel de Economía. Esas sospechas se concretaron el lunes, cuando el comité de la Academia Real de Ciencias de Suecia le otorgó a Jean Tirole el codiciado premio por sus trabajos sobre el poder del mercado y las regulaciones. Según la Academia, el economista, de 61 años, logró “progresos teóricos y contribuciones en varios terrenos. Pero, sobre todo, facilitó la comprensión y la regulación de las industrias [dominadas] por un puñado de poderosas empresas”.
En otros términos, se convirtió en un especialista en determinar cómo, cuánto y de qué manera regular a las empresas en los casos en que hay oligopolio o monopolio. Ese trabajo le permitió convertirse en el tercer francés en quedarse en el rubro Economía con uno de los premios más prestigiosos del mundo. “Numerosos mercados están dominados por algunas empresas que influyen sobre los precios, los volúmenes y la calidad, pero la teoría económica no se ocupa de esos casos, conocidos como oligopolios. Por el contrario, presupone que sólo hay un monopolio o bien una situación de competencia perfecta”, dijo ayer Tirole.
En esos casos, no serían necesarias las regulaciones.
El aporte de Tirole fue demostrar la necesidad de regular las industrias oligopólicas y monopólicas. Para ello investigó utilizando nuevos marcos conceptuales, como la teoría de juegos, que intenta analizar las adaptaciones recíprocas de los diferentes actores.
Las últimas décadas han estado marcadas por movimientos de concentración industrial y la emergencia de empresas en situación oligopólica, sobre todo en el sector de la tecnología, como Microsoft o Google.
La crisis financiera planteó la cuestión de los bancos “demasiado grandes para quebrar” (y que la garantía de los Estados protegió, sobre todo después de la crisis de 2008), originadas en fusiones producto de la desregulación financiera.
Las privatizaciones también facilitaron la aparición de mercados dominados por oligopolios.
“Numerosos gobiernos abrieron monopolios públicos a actores privados. Eso se produjo en los ferrocarriles, las rutas, el agua, los correos y las telecomunicaciones. Pero también en los servicios educativos y sanitarios. Los resultados de esas experiencias fueron limitados y fue con frecuencia bastante difícil conseguir que esas empresas se comportaran como hubiesen debido”, afirmó el Comité del Nobel en sus comentarios.

TREINTA AÑOS DE TRABAJO
Los trabajos realizados por Tirole entre 1980 y 1990 se centraron en la duración de los contratos con el sector privado, la posibilidad de modificarlos y el riesgo de colusión entre las autoridades de regulación y las empresas reguladas.
Sus conclusiones recomiendan a los gobiernos asegurarse de que los reguladores no se transformen en abogados de las firmas que deberían controlar en una situación en que los gobiernos suelen tener menos información.
El fundador de la llamada Escuela de Toulouse no entra en la clasificación liberales vs. estatistas. Tirole resistió a la tradición intelectual francesa que transforma a los universitarios reconocidos en actores del debate público o mediático. Un ejemplo: aunque su nombre era bien conocido entre los candidatos, la Academia debió llamarlo tres veces para comunicarse con él.
El trabajo de ese ingeniero egresado de las mejores instituciones francesas parte siempre de un marco científico, sobre todo matemático, ignorando las categorías políticas. “Un economista debe ser totalmente independiente. Nuestro papel es proponer ideas y reformas que tal vez sean adoptadas, aunque esto lleve tiempo”, enfatizó ayer.
Sereno, cálido, definitivamente hostil al interés periodístico y a las luces de la celebridad, el nuevo Nobel de Economía ha sido bautizado por sus pares un exitoso “empresario en investigación”.
Fue él, en efecto, quien fundó en 2007 la Escuela de Economía de Toulouse, bautizada de inmediato Toulouse School of Economics (TSE), para manifestar su ambición internacional.
TSE es una fundación de derecho privado que agrupa varios establecimientos públicos. No obstante, una parte de su financiación proviene de empresas privadas.
Una larga experiencia norteamericana y el reconocimiento internacional de sus trabajos lo convencieron de que, en vez de exiliarse en Estados Unidos -como muchos de sus colegas franceses- era posible explotar las posibilidades del sistema académico francés para crear una nueva institución, capaz de atraer los mejores elementos tanto franceses como extranjeros y, sobre todo, obtener los fondos necesarios. TSE acoge a un 50% de estudiantes y un 30% de profesores extranjeros.
LA NACION