Cuando el trigo era protegido por la diosa Deméter

septiembre 28, 2014

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Por Susana Boragno
El pueblo griego fue uno de los primeros en crear mitos para entender e interpretar todo aquello que rebasaba las dimensiones humanas y que a sus ojos les resultaba inexplicable. De acuerdo con sus necesidades y el grado de desarrollo de cada época, se enriquecían o se modificaban. El monte Olimpo, la montaña más alta de Grecia, era la morada de los dioses, desde donde ellos podían vigilar a las criaturas del mundo. Zeus era el padre de todos ellos. Tuvo muchas esposas. Una de ellas fue Deméter, una de las más antiguas del panteón griego, la gran diosa de la agricultura.
Tal como se desprende de su nombre Di: tierra, y Miter: ma¬dre, ella era responsable de la fertilidad de la tierra y protegía los cultivos, especialmente el trigo. Sus atributos son la espiga, el narciso y la adormidera. Fue adorada por las primeras tribus agrícolas. Sus santuarios más antiguos se fundaron en zonas rurales de difícil acceso. La diosa Deméter fue quien les regaló a los hombres los frutos de la tierra y los protegía de todos los trabajos agrícolas. Durante la cosecha y la trilla se celebraban fiestas donde se le hacían grandes honores. Su fiesta más importante era la llamada Thesmoforía, que se llevaba a cabo en otoño, en el período de la siembra.
El mayor don de Deméter a los mortales era el culto del trigo. Los lugares donde proliferaba este cereal eran Eleusis, Sicilia, Creta, Tracia y el Peloponeso. De acuerdo con la tradición, la dio¬sa encargó a un héroe de Atenas, Triptólemo, que difundiera el culto al trigo. La diosa le dio un carro tirado por dragones alados y lo mandó a recorrer el mundo conocido, sembrando granos de trigos, enseñando a los campe¬sinos los métodos de cultivo, las herramientas de la siembra y la trilla.
De acuerdo con el mito, Deméter había tenido con Zeus una bellísima hija llamada Perséfone, que deslumbró al dios del mundo subterráneo, Hades (Plutón), quien decidió robársela y llevársela a su oscuro reino. Eso ocurrió un día que ella jugaba en una florida pradera. Vio un narciso de belleza incomparable, lo quiso cortar, se le abrió la tierra y desapareció en los brazos de Hades. Asustada, empezó a gritar tan fuerte que la escuchó su madre, Demeter, quien abandonó el Olimpo. Agobiada por su enorme tristeza, se transformó en una vieja y recorrió los campos en busca de su hija, sin comer, beber ni bañarse. Por su estado, los campos se secaron, las flores se marchitaron y los frutos se pudrieron. Deméter estaba tan irritada que decidió no volver al cielo y quedarse en la tierra, abandonando su función divina hasta que apareciera su hija.
Esto alteró el orden del mundo, por lo que Zeus intercedió para que volviese su hija. Su secuestrador, Hades, le hizo comer a Perséfone un grano de granada, con lo cual rompía el ayuno y que¬daba atada, obligándola a pasar cuatro meses al año junto a él. Perséfone volvió con su madre e inmediatamente empezaron a florecer las plantas, y los campos se llenaron de semillas y frutos. La tierra reverdeció y dio frutos durante ocho meses, tiempo que Perséfone permanecía con su madre, que volvió a ocupar su puesto en el Olimpo. Los cuatro meses restantes, bajaba al mundo de Hades, creando las fuerzas subterráneas que más tarde permitirían la fertilidad de los suelos. La granada que Hades le ofreció a Perséfone simbolizaba la fertilidad de los campos, la unión de la semilla con la tierra. Entonces, Perséfone dividió su tiempo: con su madre en primavera, verano y otoño y con Hades en invierno.
Cuando la cultura griega fue absorbida por el Imperio Romano, éste cambió los nombres de sus dioses y Deméter pasó a llamarse Ceres. La palabra cereal, deriva del latín, de la diosa Ceres, relativo al trigo o el pan.
El agro griego se basa en cereales, olivos, viñedos, tabaco, algodón, remolacha azucarera, duraznos, etc. La agricultura es natural y orgánica. Las verduras y frutas constituyen la base de la saludable comida griega junto a su afamado aceite de oliva.
Actualmente, cuando existen técnicas agropecuarias de avanzada, es interesante traer al presente estas formas míticas de comprender la naturaleza, donde las diosas influyeron notablemente. Nos cabría la pregunta: ¿qué espacios estarían ocupando Deméter y Perséfone en nuestros días?
LA NACION

Carlos Felice

Carlos Felice es abogado, político y dirigente sindical. Es el Secretario General de la Unión de Trabajadores del Turf y Afines (UTTA) y también Presidente de la Obra Social del Personal de la Actividad del Turf (OSPAT). Impulsor reconocido de la restauración de la actividad del turf a nivel nacional, extiende su promoción a todo el territorio argentino reivindicando condiciones más justas para todos los trabajadores de la actividad.

http://www.carlosfelice.com.ar

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