Sindicalismo, marketing y realidad

Septiembre 19, 2011

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Por Rubén Rueda, Columnista invitado.
¿Señora, señor usted, en su sano juicio, consumiría un producto que, a lo largo de su existencia, tuviera, permanentemente una propaganda sobre la nocividad de su uso, consumo o resultados?
Imaginemos qué sería del Fernet Branca “Único en el Mundo” si, desde sus orígenes, los creativos publicitarios hubieran basado sus campañas en los daños irreversibles que el consumo de alcohol provoca en el ser humano. Pensemos, si las tabacaleras hubieran obtenido los mismos fabulosos resultados económicos, saturando los minutos televisivos y las carteleras de todos los deportes difundiendo los estragos de las adicciones y enfermedades que el tabaco acarrea a quienes lo consumen. La repuesta seguramente, sería, no.
Sin embargo, veamos. El sindicalismo, ha sufrido desde sus orígenes una pésima o nula publicidad. Muy por el contrario, de manera permanente y sistemática los mass-media se ensañan, con sus acciones -las del sindicalismo- o la actividad y vida de sus dirigentes más notorios, como forma de generar un consenso social adverso que desaliente la participación y organización de los trabajadores.
El sueño de las patronales en particular, y del capitalismo en general, ha sido siempre una sociedad sin sindicatos y por supuesto, sin sindicalistas. Y en ello no han escatimado esfuerzos ni recursos, fueran estos publicitarios o represivos, contra los trabajadores en general o sus dirigentes, por causas ideológicas o por cuestiones simplemente económicas, no importa el motivo, lo importante es el fin: los sindicatos molestaron, molestan y con toda seguridad molestarán en el futuro.
Dice Julio Godio “En una hipotética sociedad sin sindicatos, los trabajadores son en el mejor de los casos, objetos protegidos por leyes laborales y sometidos a la tutela del Estado, en un estado similar al de los menores e incapaces, pero nunca sujetos con voluntad propia. Solo el sindicato es capaz de permitirle a un trabajador ir más allá de la subordinación y convertirse en sujeto capaz de contratar con el propietario del capital. Por lo tanto, no es concebible una sociedad civilizada sin sindicatos.”(*)
La breve cita anterior arrima, un poco de luz, a la aparente contradicción que significa que un “producto” tan desprestigiado como el sindicalismo siga siendo, a lo largo la historia y con distintos actores, el elemento por excelencia de progreso y promoción social de los trabajadores.
Recuerdo una situación ocurrida en nuestro país, durante el año 1977, cuando a los militares que entonces ocupaban el Ministerio de Trabajo de la Nación tuvieron la ocurrencia -mediante decreto, por supuesto- de que todos los trabajadores ratificaran expresamente con su firma su afiliación o no a los distintos sindicatos. ¿Cuál fue el resultado? Un incremento variable por actividad en la densidad de los afiliados a las organizaciones gremiales ¡En plena dictadura militar!
Continúo con la cita de Julio Godio “A pesar de que la libertad sindical ha sido elevada al rango de uno de los derechos humanos básicos, el discurso antisindical, la más de las veces velado, es parte de una estrategia permanente. En todos los países industrializados, los sectores de las clases medias con trabajos independientes, se han sumado a la acción psicológica contra los sindicatos. En muchos casos estos sectores han llegado a apoyar la represión del Estado contra aquellos, como ocurrió en Argentina en las décadas del ‘20, entre 1955 y 1969, o durante los años de la última dictadura militar (1976-1983)” (*)
Para concluir “El sindicato implica la existencia del trabajador como sujeto, dispuesto a utilizar sus dos herramientas esenciales: el derecho de huelga y el contrato colectivo.”(*) Y el “Maestro” Julio Godio sabrá perdonarme la impostura -agrego-, las organizaciones y sus dirigentes.
Entonces ¿Cuál es hoy la realidad del sindicalismo argentino, en cuanto a la afiliación de los trabajadores? Para ello recurro a las expresiones de Héctor Palomino, Director de Estudio de Relaciones del Trabajo del MTEySS quien citando fuentes del propio Ministerio sostiene: “El crecimiento de la cantidad de afiliados sindicales fue aproximadamente de 53% entre 2003 y 2010. Esto favoreció el incremento de la densidad sindical –el peso relativo de los afiliados en la población– que creció de 19% a 24% del total de asalariados en el período. Esta expansión de la densidad sindical fue además particularmente intensa, ya que prácticamente uno de cada dos nuevos asalariados incorporados en el período engrosó las filas de los afiliados a los sindicatos.
Esta evolución fue producto no sólo del crecimiento del empleo, ya que la afiliación sindical creció a un ritmo similar, sino también del cambio de composición del empleo, con respecto al cual cabe destacar dos aspectos centrales. En primer lugar, se observa el incremento del peso relativo de los asalariados, que en el último trimestre de 2010 alcanzó al 77% del total de ocupados –posiblemente la proporción más elevada en términos históricos–, relegando a las ocupaciones no asalariadas. En segundo lugar, dentro de los asalariados se observa el incremento de la participación relativa de los trabajadores registrados en la seguridad social, que es precisamente el tipo de empleo donde los sindicatos encuentran condiciones más favorables para ejercer su representación y capacidad de reclutamiento. Entre 2003 y 2010 los trabajadores registrados en la seguridad social pasaron de 51% a 66% del total de asalariados, con lo que no sólo absorbieron el crecimiento neto del empleo sino que sustituyeron una parte de los asalariados precarios.” (**)
Más allá de la publicidad con “dueños”, más acá de los agoreros interesados, en medio de las luchas de un mundo que cruje en la vieja Europa en todas sus estructuras surge, más claro que nunca, el pensamiento del General -excusenmé la insolente familiaridad- con aquella campechanía que lo caracterizaba, quien atribuía a los dirigentes sindicales varias virtudes: la sabiduría, la prudencia y por extrapolación me gusta entender que tienen la misma capacidad de los gatos, en primer lugar siete vidas y en segundo término, cuando la gente escucha que están peleando es porque están haciendo más gatos y porque sé, positivamente, que son capaces de generar sus propios anticuerpos para generar nuevos y mejores espacios de confrontación y crecimiento para las generaciones que vienen.

Citas:
(*) Julio Godio, Aulas y Andamios, 06/03/2010
(**) Héctor Palomino, La renovada presencia de los sindicatos en la Argentina contemporánea. elmensajerodiario.com.ar. 23/08/2011

Carlos Felice

Carlos Felice es abogado, político y dirigente sindical. Es el Secretario General de la Unión de Trabajadores del Turf y Afines (UTTA) y también Presidente de la Obra Social del Personal de la Actividad del Turf (OSPAT). Impulsor reconocido de la restauración de la actividad del turf a nivel nacional, extiende su promoción a todo el territorio argentino reivindicando condiciones más justas para todos los trabajadores de la actividad.

http://www.carlosfelice.com.ar

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