Clint Eastwood: “es divertido vivir con ganas las etapas de tu carrera”

Clint Eastwood: “es divertido vivir con ganas las etapas de tu carrera”

Por Nicolás Peralta
Con el estilo interpretativo que impuso con el memorable Harry el sucio, el más duro de Hollywood protagonizó luego Curvas de la vida (Trouble With The Curve, en inglés, en referencia a las bolas curvas del asunto central de esta trama: el béisbol), metiéndose en los detalles humanos del mundillo deportivo como lo hiciera en Million Dollar Baby o en Invictus. Pero esta vez sólo como actor, el que dirige es su asistente.
En este caso se cuenta la historia de uno de los mejores cazadores de talentos quien, a pesar de sus esfuerzos, no logra ocultar que está envejeciendo y que está perdiendo la visión. Gus, el personaje de Eastwood, quien puede reconocer un lanzamiento tan sólo por el golpe del bate, se rehúsa a ser remplazado. Cuando las autoridades del equipo para el que trabaja comienza a cuestionarlo, la única persona que podría ayudarlo es también la única a la que él nunca recurriría: su hija, Mickey. Ambos se cruzan con el personaje del cantante-actor Justin Timberlake, quien aporta el romance al enamorarse de la hermosa pelirroja.
–¿Podés contarnos un poco acerca de Gus en Curvas de la vida?
–Por supuesto. Esta es una película que puede ser un clásico americano, que hace reír, tal vez llorar, y seguro te lleva al corazón. Gus es un viejo buscador de talentos de béisbol y está teniendo algunos problemas de salud. Su hija Mickey, que es abogada en Atlanta, quiere ir a ver qué le sucede a su padre, quiere ayudarlo, pero Gus es uno de esos tipos tercos (risas). Tiene muchos problemas con su visión, un elemento esencial para un explorador, alguien que anda por ahí en diversos campos tratando de averiguar quiénes son las estrellas para el juego de béisbol. Así que tiene que confiar en sus instintos, su audición y todo lo demás para que las cosas puedan funcionar perfectamente.
–Gus tiene una interesante y dinámica relación padre-hija, ¿hay una serie de conflictos allí?
–Sí, Mickey se fue para convertirse en abogada, ahora está orgullosa de su trabajo y hasta donde llegó, pero está preocupada por Gus, su padre. Ella piensa que es la única familia que le queda –ya que su madre murió cuando era joven, entonces se encuentra entre esa dicotomía de hacer un buen trabajo para su empresa y resolver su problema familiar–. Así que Mickey tiene problemas difíciles que le aquejan en todo momento y él tiene el conflicto de no aceptar la ayuda de nadie, no quiere que nadie se sienta mal por él y tampoco quiere que se le acerquen porque cree que no es un ambiente sano para su hija y su trabajo. Sin embargo, ella lo acompañó durante gran parte de su carrera y sabe mucho de béisbol. Es muy interesante.
–¿Cómo fue trabajar con Amy Adams en esta relación tan especial?
–Amy Adams puede tener un muy buen swing con el bate (risas), ella estuvo perfecta con eso. Y Mickey tenía que ser creíble en Curvas de la vida, creíble como alguien que se había planteado ser un jugador de béisbol y se convirtió en un explorador –y alguien que sabía el nombre de todos los jugadores que han estado desde 1934–. Ella era genial, muy verosímil. Era natural trabajar con Amy Adams como Mickey.
–¿Cómo fue la experiencia de ser dirigido por tu socio productor, Robert Lorenz en esta, su ópera prima?
–Fue grandioso. Hizo un gran trabajo. Rob es un hombre muy inteligente que ha estado conmigo durante 19 años. Él siempre ha querido dirigir y me lo expresó hace unos años.La última película donde dirigía y actuaba me di cuenta que algo fallaba. “¿Por qué no dejo que alguien esté a cargo y yo sólo me dedico a actuar?”, me dije. Cuando Rob me trajo el guión, lo leí y me gustó mucho. Ahí pensé, “Curvas de la vida es una oportunidad perfecta, ¡Rob puede dirigir y yo voy a actuar!”, lo que era algo que no había hecho en 20 años para otro director, sólo había actuado en películas mías.
–¿Qué ajustes tuviste que hacer para adaptarte a la mirada de otro?
–No tuve que hacer nada. Porque si se puede confiar en otro –encima si lo conozco, y sé lo que sabe y cómo maneja sus cosas– es todo más relajante. Espero que se repita, aunque quizá cambio de opinión, como cuando dije que no volvería a actuar (risas). Más bien fue como unas vacaciones. Llegar, hacer mi trabajo, incluso contar con días libres durante el rodaje. Es la primera vez que me pasa desde 1993. Me gusta dirigir, pero ha sido un cambio muy agradable ser actor, y que la mirada más general del asunto la tenga otro. Así uno está más enfocado de lo que tiene que hacer. He querido hacer las dos cosas, actuar y dirigir. También es cierto que a esta altura la industria me ve como el hombre que hace sus propias películas y nadie me ofrece algún desafío actoral. Pero conmigo las cosas nunca están tan pensadas. Soy una persona que no hace planes, ni a corto ni a largo plazo. Nada está organizado en mi vida. Soy alguien espontáneo que respondo según el momento. La dirección llegó como algo normal. Pero no pude alejarme del actor que llevo dentro.
–¿Cómo mantuviste tu pasión por esta carrera a lo largo de los años?
–La actuación pasa a la sangre, después de tantos años, y yo siempre sé cómo volver a ella. Es divertido vivir con muchas ganas las diferentes etapas de una carrera. También lo es trabajar con buenos y nuevos actores. Puedes aprender de ellos y transmitirles tu mirada; eso se convierte en algo muy enriquecedor. Llegás a una edad determinada y estás contento de tener ese lugar. No sé qué añadir a eso. Es muy divertido. En esta carrera, hay que ser realista, porque siempre tratan de buscar papeles que están dentro de la edad que tengas. Sería ridículo si dijera: “Bueno, yo quiero jugar este chico de 35 años de edad.” Hay que ser realista acerca de dónde estás en la vida y disfrutar de ella. He disfrutado el viaje a esta etapa, por lo que tengo la intención de disfrutar del resto de del viaje. Por mucho tiempo, espero.
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