Rodrigo Zarazaga: “La Argentina no puede ser una sociedad de planes”

Rodrigo Zarazaga: “La Argentina no puede ser una sociedad de planes”

Por Mariano de Vedia
Una imagen de la Villa 21 ocupa la pared central en la oficina del sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, en el Colegio Del Salvador. En la orden religiosa que le dio al mundo el primer papa argentino, Zarazaga dirige el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y concentra sus energías en la Escuela de Liderazgo Político, donde busca que los futuros dirigentes conjuguen su vocación política con una inserción profunda en el campo social. Con esa mirada, tiene en claro que “la Argentina no puede ser una sociedad de planes” y debe atacar la pobreza con “soluciones más estructurales”.

-¿Es posible salir de la pobreza?
-Sí, es posible. La pobreza es un problema muy grande, muy grave, pero es limitado, no es infinito. Es posible, pero no lo venimos haciendo bien.
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-¿Y cómo se lo puede lograr?
-Cuando llegó la democracia, en 1983, se eligió la política de transferencia de ingresos para lidiar con la pobreza. Y nunca pasamos a soluciones más estructurales. Hoy, con un tercio o más de pobres hay que ir a lo estructural. Necesitamos una apuesta mayor y eso exige coraje. La transferencia de ingresos es más rápida, más fácil, paliás la urgencia y solucionás lo electoral. No hay incentivos para atacar el fondo.

-¿La emergencia social aprobada en el Senado es una solución?
-Es algo más político que social, no veo que atienda las causas estructurales. Puede ser una victoria de la oposición, ¿pero porque la declaremos, los pobres van a estar mejor? No es una solución. Podemos discutir si es necesario como paliativo. Pero a mí me interesa más cómo invertir en bienes y servicios públicos de calidad en las áreas de concentración de pobreza. Cuando Alemania Occidental se hizo cargo de Alemania Oriental pusieron un impuesto de solidaridad.

-¿El Papa apoya la iniciativa?
-Francisco marca los límites del capitalismo para incorporar a la gente. En el capitalismo no está solucionado el piso de igualdad, deja afuera a un porcentaje de la población, lo que Francisco llama la cultura del descarte. La inversión estructural puede dar ese piso de arranque.

-¿Cómo se tiene que abordar el problema estructural?
-Hay dos condiciones necesarias pero no suficientes: educación y salud. El 40% de la pobreza del país se concentra en el conurbano. Allí hay más de 60 hospitales y en condiciones debe haber cuatro. En los municipios del conurbano la coparticipación se define por las camas ocupadas en los hospitales y los intendentes tienen más incentivos a tener más camas ocupadas que a tener prevención. Muchos jóvenes terminaron el secundario y no trabajan. No encuentran el salto al primer empleo. Es un salto abismal y hay que achicar esa brecha con capacitación.

-¿No se lo hace porque no tiene rédito inmediato?
-La política tiende a transferir ingresos para asegurar la gobernabilidad y relega otras cosas prioritarias.

-¿Se puede cambiar el esquema?
-Si cortás la transferencia de ingresos hoy es una locura. Hay gente que va a sufrir hambre. La pregunta es cómo nos hemos convertido en una sociedad de planes. La Argentina no puede ser una sociedad de planes. La política tiene que lidiar con la urgencia, con presupuestos limitados y asegurarse la gobernabilidad, sobre todo cuando no es peronista. Así, redobla la apuesta a la transferencia de ingresos y el resto se posterga.

-¿Y cómo salimos, entonces?
-En algún momento, alguien con coraje tiene que empezar a revertlrlo.

-¿Hay sectores que están cómodos en esta sociedad de planes?
-Creo que no. Dicen que el pobre se acostumbra a vivir de planes, pero en general ese plan es un suplemento. A la par, cartonea, o trabaja en la construcción en negro. Si pudiera elegir, preferiría un sueldo digno.

-¿Qué pasos se pueden dar para superar la lógica de la transferencia de ingresos?
-Una transferencia masiva de infraestructura, una política de shock en obras. Un especialista en reforma tributaria podría definir cuánto puede venir de impuesto a la riqueza y cuánto de endeudamiento. Tiene que ser un número muy grande y eso exige liderazgo.

-¿El Gobierno avanza hacia la inversión en infraestructura?
-Dicen que sí. Por ahora lo que uno ve es que aumentan la transferencia de ingresos. Se discute por un bono de $ 2000? ¿y en marzo, qué?. No se sale de esa lógica.

-¿Hay condiciones para la creación de empleo genuino?
-Es un problema en el mundo, no sólo en la Argentina. No me resigno a que no sea posible. Todos hablan del 32% de la pobreza y hay otro dato inquietante del Indec: el 6% de indigencia. Son dos millones de personas con dificultades para comer.

-¿Hay alguna fórmula para enfrentar la indigencia?
-La presencia del Estado en villas y asentamientos debe incrementarse. Tenemos en el imaginario las villas de la Capital, donde está el club, la capilla, el cura, la organización. Pero en las villas del conurbano muchas veces no hay nada. El verdadero líder político rompe con lo obvio. Lo obvio sería: año electoral, transferencia de ingresos inmediata, la gente lo siente en el bolsillo, consume y te vota. La gente se da cuenta cuando el hijo va a un colegio, termina y no sabe leer, o cuando va al hospital y debe esperar tres horas y cuidar que no se le caiga el techo en la cabeza. Si un gobierno invierte en infraestructura, le va a rendir incluso electoralmente.
LA NACION