Relax y exotismo en el Mediterráneo

Relax y exotismo en el Mediterráneo

Por Pablo O. Scholz
Alrededor de seis millones de visitantes llegan a Túnez cada año. La gran mayoría son provenientes de África y de la vecina Europa, en especial de Alemania, Francia e Italia. Es que desde París o Londres es necesario un vuelo de sólo dos horas, y uno de 50 minutos si se parte de Roma. Gran parte de los visitantes llega atraído por el turismo temático: termal, religioso o amantes de las antiguas culturas.
Luego de sacarle el jugo a la ciudad capital y su ajetreado movimiento, una buena opción para disfrutar de sus playas y costas paradisíacas es dirigirse hasta Hammamet, que descansa junto al Mediterráneo a poco más de una hora de la capital. Viñedos y olivares se van alternando al costado de la ruta, igual que los cítricos y otros cientos de frutales. Finalmente, al arribar, las plantaciones dejan lugar a los lujosos resorts y hoteles junto al mar, los paseos de compras y las medinas. Toda esta zona es conocida como “El Jardín”, y ostenta una profusa vegetación que incluye palmeras e interminables flores en los lugares públicos.
Allí, dada la gran cantidad de turistas que llegan, se montó a medida de los extranjeros una réplica de medina donde se pueden comprar artículos típicos, o bien disfrutar de un té de menta fumando una pipa de agua en un ambiente algo más ordenado que en las medinas originales, donde los aromas, los colores y hasta las conversaciones adquieren un ritmo e intensidad más fuerte. Hasta un camello que gira y saca agua de un pozo a la vieja usanza es posible contemplar en su jardín externo, desde donde se obtiene una hermosa vista del mar y de su boulevard costero.
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En todo este complejo hotelero los tratamientos de talasoterapia representan la principal oferta turística, que consiste en usar el agua de mar para mejorar afecciones corporales y ayudar al relax. Fuera de estas moles con cientos de habitaciones, una de las excursiones más interesantes para hacer desde Hammamet es al barrio de Nabeul, conocido como la capital de la cerámica. Allí se distribuyen por sus calles negocios donde se venden todo tipo de objetos de este material: platos, vasos, máscaras, floreros, juegos de te o jarras, todos de colores vivos, con tradicionales dibujos de flores y animales. Así y todo, el principal atractivo de Nabeul es su céntrica medina, donde confluye gran parte del movimiento de la pequeña ciudad. Bolsos de cuero de dromedario, títeres, especias, jarrones de cerámica; cientos de artículos se mezclan en estas calles donde el barullo y las charlas agregan color e identidad. Imperdible es disfrutar de un té en sus confiterías con mesas en la calle, igual que dar una vuelta en las típicas carrozas adornadas con flores que visitan los más atractivos puntos turísticos del área.

Religión y turismo
Dejando atrás el Mediterráneo, hacia el centro del país se sitúa otro importante polo: Kairouan. Esta antigua capital musulmana está considerada la cuarta Ciudad Santa, aparte de La Meca, la Medina de Arabia Saudita y Jerusalén. A nivel histórico el atractivo principal es su gran mezquita, la más antigua del Magreb, construida en el año 695 y ampliada en el 743, aunque luego restaurada sin modificar su diseño original. Cerca se levanta el Mausoleo del Barbero del siglo XVII, donde aún descansan los restos de Sidi Sahab, un amigo de Mahoma conocido como “el barbero” por llevar siempre consigo tres pelos de barba del profeta. De la recorrida por las tres salas de esta suerte de mezquita son inolvidables sus hermosos azulejos con motivos moriscos que parecen extenderse por las paredes sin fin. Aún hoy, algunas familias llevan a cabo allí la circuncisión de sus hijos.
Cerca se encuentra la Medina de Kairouan, una de las más bellas de Túnez, levantada junto al transparente Mediterráneo con blancas terrazas que miran el mar. Finalizado el paseo, vale la pena al menos comer en el lujoso hotel La Kasbah, cuyo restaurante principal está montado en lo que antiguamente era un templo.
A no muchos kilómetros de allí, sobre el sur del llamado Golfo de Hammamet, abre sus brazos al sol la ciudad de Sussa, uno de los más importantes polos turísticos tunesinos. Con perfil bien diversificado, recibe continuamente congresos, visitantes ávidos de playas, amantes del golf, pero por sobre todas las cosas, gente que viene en busca de sus tratamientos de talasoterapia, la mágica cura que brinda el mar Mediterráneo.
EL CRONISTA