La cuna de El Bosco: visita a Den Bosch, 500 años después

La cuna de El Bosco: visita a Den Bosch, 500 años después

Por Matías Capelli
En la segunda mitad del siglo XV, un joven y talentoso pintor criado en una familia de pintores empezó a firmar usando como apellido el nombre de la ciudad en la que había nacido y donde se había criado. Paradojas de la historia, con el pintor consagrado unánimemente como uno de los grandes maestros de todos los tiempos, hoy esa ciudad a lo primero que remite es al nombre del artista.
Ubicada en el corazón de la Holanda católica, Den Bosch se distingue por la imponente catedral gótica de San Juan Evangelista, por sus coloridos e intensos carnavales en febrero y por la presencia ubicua de El Bosco encarnado en todas las formas imaginables.
Hay un centro de arte que lleva su nombre, que cuenta con prolijas reproducciones y un montaje muy didáctico; se realizan congresos, encuentros y actividades a la sombra de su célebre figura; en las callejuelas empedradas uno puede toparse con reproducciones a escala de alguna de las criaturas imaginarias que pueblan sus cuadros; recorriendo la plaza central uno pueda dar con el taller y con una estatua en su honor, y también hay bares y restaurantes y hasta platos que llevan su nombre, o negocios de objetos y ropa y hasta servilletas de papel que apelan o le sacan el jugo a la figura del pintor.
Lo único que no hay, pequeño detalle, son obras originales. Ni un dibujo ni un boceto. Nada. Por más que se esmeren las autoridades municipales y las del centro de arte, hay una realidad que no puede cambiar: la falta de obras (algo similar ocurre en la ciudad de Delft con las pinturas de Vermeer).
Hasta ahora. Porque con motivo de los cinco siglos de la muerte de El Bosco, por primera vez preciadas obras maestras como “El jardín de las delicias”, “El carro de Heno” y los cuatro postigos de “La visión del más allá”, entre otras, retornan temporalmente al sitio donde fueron concebidas. La exhibición “Visiones de un genio” es el resultado de un ambicioso proyecto de investigación y restauración.
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Después de años de trabajo y análisis, un consejo de especialistas determinó que la obra certificada de El Bosco consiste en veinticuatro pinturas y veinte dibujos. Diecisiete de esas pinturas y diecinueve de esos dibujos, que forman parte de las colecciones permanentes del Prado, del Louvre y de la Accademia y del Palazzo Grimani en Venecia, de museos de Rotterdam, Berlín, Viena y Nueva York, entre otros, pueden verse en Den Bosch hasta el 8 de mayo. “Bienvenidos a casa”, puede leerse en numerosos carteles en neerlandés a lo largo del pueblo anunciando la exposición. Luego la muestra irá rotando por los mencionados museos, en la que está llamada a ser una de las exposiciones de pintura clásica más importantes del año.

El pintor y su ambiente
El aniversario incluye una nutrida programación de actividades ad hoc (otras muestras de pintores afines o influidos por él, obras de teatro, conciertos, etcétera) que se sucederán a lo largo del año, tanto en Den Bosch como en otras ciudades de Holanda, pero el plato fuerte sin duda es “Visiones de un genio”. No sólo porque reagrupa las obras, y en el lugar donde fueron creadas, medio milenio atrás; no sólo porque ofrece versiones restauradas de muchas de ellas, sino también porque reúne por primera vez partes de trípticos o paneles que estuvieron separados durante siglos.
En ese sentido, apenas ingresado a la muestra, el espectador se topa con uno de los puntos más altos. “La nave de los locos” y la “Alegoría de la gula y la lujuria”, dos tablas de madera separadas por la historia, una en exposición en el Louvre de París y otra en Yale, Estados Unidos, pueden ser vistas tal como fueron concebidas, como piezas de un mismo rompecabezas. Unos metros más adelante se encuentran otras dos tablas que también formaban parte de la misma obra original, “La muerte y el avaro” y “El peregrino”. Un rompecabezas incompleto pero potentísimo que plantea de entrada los principales rasgos de la obra de El Bosco: el influjo de la tentación y de los pecados en el temperamento humano, escenas grupales entre bíblicas y carnavalescas, siempre algo desesperanzadas o hasta apocalípticas, pero difuminadas con cierta luz de benevolencia, de piedad por sus criaturas, incluso por las diabólicas o infernales.
El Bosco perteneció a una época de transición entre el Medioevo y el Renacimiento, años de fuertes tensiones religiosas que desembocarían en la reforma protestante y las guerras religiosas, años en que Europa comenzaba a descubrir la existencia de otras civilizaciones. Si bien la muestra pone en evidencia que el pintor se nutría de la iconografía y de ilustraciones de la Edad Media tardía, visto hoy, sobre todo por ciertos detalles, algunas pequeñas criaturas o la arquitectura cósmica de ciertas construcciones, El Bosco parece haber venido de otro planeta para retratar a la humanidad. Sus cuadros poblados de personajes sufrientes, tironeados entre la salvación y el pecado, entre la animalidad y la beatitud, conforman cada uno un microcosmos alucinado: escenas repletas de personajes comunes, figuras diabólicas, santos, ángeles, animales reales o imaginarios se revelan simultáneamente atávicas y visionarias, eminentemente medievales, pero ya modernas en su concepción.
Los organizadores contaban con que “Visiones de un genio” iba a ser uno de los eventos del año, pero nunca imaginaron el caudal descomunal de la convocatoria. Casi cuatrocientas mil entradas anticipadas vendidas agotaron las localidades; gente de toda Holanda y Europa se hace una escapada hasta Den Bosch por el día o el fin de semana. El horario de apertura del museo de Noords Brabants fue extendido dos veces consecutivas y al día de hoy cierra a las 11 de la noche.
Si bien la concurrencia es nutrida en todo momento, la escrupulosa organización holandesa, dividiendo la cantidad de visitantes en franjas horarias, permite que nunca sea insufrible moverse por las salas y que se pueda permanecer frente a cada obra el tiempo deseado.
Hasta el 8 de mayo, cuando la muestra siga el itinerario previsto, la ciudad natal de El Bosco será la meca para cientos de miles de feligreses de un pintor holandés. Una vez que los cuadros vuelvan a manos de sus propietarios, y el encantamiento se haya desvanecido, Den Bosch volverá a ser apenas una atracción turística, una parada más en el recorrido de ese parque temático histórico cultural llamado Europa.
LA NACION