La vuelta al mundo en viñetas: la historieta busca otros géneros y se renueva

La vuelta al mundo en viñetas: la historieta busca otros géneros y se renueva

Por Juan Manuel Domínguez
Demorado en el aeropuerto de París de camino a Jerusalén (venía de ser invitado de lujo del Festival de Historietas de Helsinki) gracias a que acaba de informar que su mujer trabaja en Israel y en Gaza para Médicos sin Fronteras, Guy Delisle (1966) intenta demostrar la veracidad de sus palabras. Todo termina, la pesquisa y el interrogatorio tautológicamente minucioso, con Delisle googleándose a sí mismo. El canadiense sostiene: “Hasta gané un premio. Una linda escultura… eh… ¿alguien sabe como decir «invitado de lujo» en finlandés?”. Desenlace: Delisle llegó a su avión, corriendo, y a su por aquel entonces hogar.
base_image
Instantes así definen la obra de Delisle, cuyas crónicas de viaje por lugares como Jerusalén (Jerusalén. Crónicas desde Tierra Santa, disponible en la Argentina gracias a Editorial Común, de su amigo y admirado Liniers) o Pyongyang (Pyongyang. Un viaje a Corea del Norte, su más reciente edición local, aunque en orden cronológico sería su segundo libro de historietas con formato de crónica) lo han convertido en un caso excepcional de los cómics autobiográficos. Sus instantes, los que le han valido premios como el máximo galardón de Angoulême, el “Cannes” de las historietas, y ventas de hasta 150.000 ejemplares en Francia (más ediciones en el mundo entero), saben mezclar precisamente la mirada desorbitada del extranjero, o de aquel que está en involuntario off-side, con una idea de comedia documental, una combinación que nadie exploró como él en las viñetas.
Esas dos páginas descriptas, parte de su Jerusalén, podrían ser también ésas de Pyongyang, su registro de un viaje de trabajo como animador a suelo norcoreano y que le insistieron no edite. Allí, por ejemplo, en el detalle vívido del día a día comunista, una trifulca con un compañero que le cierra permanentemente la puerta cuando Delisle escucha uno de los pocos discos que le permitió entrar la aduana de Corea del Norte finaliza con el grito coreano de “¡Tenés que bajar la música! ¡Podría ser una mala influencia para los demás!”. Estaba escuchando acid jazz. La pelea es absurda, pícara y permite un vistazo nada declamatorio y sí de primera, y no pretenciosa, mano al régimen y sus modos más domésticos.
El propio Delisle, en una charla con LA NACIÓN desde su casa en Montpellier, Francia, define su obra: “Antes que nada, trato de ser honesto. No creo que en mis libros esté «la verdad». No es trabajo periodístico. Intento trasladar aquello que viví en esos viajes, cuando todavía podíamos viajar con mi esposa. Hoy, por mis hijos, ya no vivimos por temporadas en otros países. Son cosas que me pasaron realmente y que se encuentran en mis notas de esos días, en mis registros de esos viajes. Es muy subjetivo, pero al mismo tiempo no posee elementos ficcionales. Elijo lo que pongo en los libros, y esa opción va asociada a la idea de una situación que sea divertida. Algo que genere comedia entre el choque de esas culturas, la mía y aquella donde llegué como extranjero”.
Los trabajos en que registra su vida cotidiana también en lugares como Shenzhen, China -donde fue gracias a su abandonada profesión de animador- o Yangon, Burma -adonde viajó acompañando a su mujer-, han sido descriptos como “una guía Lonely Planet con un gran corazón”. Si bien la historieta autobiográfica periodística define hace rato formas distintas de representar realidades a las que otros medios nos han acostumbrados, Delisle no se siente parte de eso. “Joe Sacco es alguien que en esa área hace un trabajo sensacional. Yo no soy un periodista. Voy a países y paso una temporada allí. Este tipo de novelas gráficas son libros que han aparecido más en mi generación de historietistas. No estaba yendo en ese sentido la historieta cuando yo era joven, casi no había registros documentales, descripciones de la realidad. Nos dimos cuenta de que podíamos hacer otras cosas con los cómics, contenidos más adultos. Estaba Maus, de Art Spiegelman, el registro de la memoria de su padre sobre el Holocausto, y era la mejor historieta que habíamos leído jamás, pero no había tanta gente trabajando en algo así, como hay ahora.”
“Hoy hay muchas áreas hacia donde la historieta puede ir, y eso es genial, como historietas de investigación en blogs. O medios que nunca podían llegar a tener cómics. Se ha convertido en algo más adulto, en el mejor sentido posible.” Esa adultez no implica seriedad. El humor es la pócima secreta, a lo Astérix, de Delisle: “La comedia es parte de la historieta, de su naturaleza. No por nada desde los comienzos de vida de este lenguaje se la usa para hacer reír. Ya no trato de condensar grandes ideas. Los dibujos tienen que ser simples. En esa simpleza, es más fácil encontrar el equilibrio entre la experiencia, el texto y los dibujos. Me gusta escribir las cosas de la manera más simple posible. No necesito ser complejo para dar mi impresión de un país, de otra cultura. Mi sentido del humor no busca tanto el remate, sino algo que te genere una sonrisa y que dure más”.

Mostrar las cosas como son
Esa simpleza de la que Delisle habla es la que ha convertido Jerusalén en un libro que muestra como pocos, o casi ninguno, el conflicto israelí-palestino: “A veces en esos pequeños instantes es más simple entender la complejidad. Un rabino fanático del manga que vive en el Monte de los Olivos, o salir en auto un sabbat y que se genere una pequeña turba. Puedo dibujarme andando, y eso que muestro en la viñeta funciona distinto que en otros medios. Puedo crear más libremente, andar por una ciudad y simplemente hacer bocetos, pasear. Y el dibujo permite transmitir esa deriva. Para mí los cómics son un medio muy poderoso”.
¿Qué ve Delisle que la historieta puntualmente como medio le da y le quita a sus vivencias? “No pierdo nada. He ido a Vietnam, pensé que sería un libro interesante y finalmente no hice nada con mis notas. Lo paso bien en mis viajes, descubriendo. No quiero explicarle cosas a la gente, o al menos no vivo las ciudades con esa guía o intención. Sólo describo. Un límite son los terceros que aparecen en las páginas: les envío el material y espero a que me aprueben. Muchas veces me mandan pequeñas correcciones. Mi único límite real es cuán cómica es una situación.”
En algún momento, antes del conflicto que la película Una loca entrevista le implicó a Sony (en la película se bromeaba con el régimen norcoreaneo y la compañía productora sufrió un histórico hackeo), el actor Steve Carrell iba a protagonizar una versión de Pyongyang y las desventuras de Delisle. Descartado el proyecto, el historietista se define como el tipo de artista de las historietas “al que no le gustaría hacer películas”. “Soy feliz con mi lápiz, papel e historietas.”
LA NACION