Domador: “Polito” Ulloa, el hombre que se entiende con los caballos

Domador: “Polito” Ulloa, el hombre que se entiende con los caballos

Por Emiliano Lasalvia
La franqueza con que Carlos María Ulloa, “Polito”, contesta las preguntas transmite esa solidez que se gana con el tiempo. Apila cuatro décadas de su vida entregadas a la doma, con caballos famosos en su haber (entre ellos, Cuartetera, de Adolfo Cambiaso), pero con un capital mucho más importante: el amor a estos animales, que trascendió los designios familiares. Bisnieto de Gastón Peers, ganador del Argentino Abierto en 1901; hijo de abogado y polista; padre de cuatro chicos (de los cuales los tres varones juegan al deporte de los tacos y las bochas), Carlos estudió en Buenos Aires, pero toda su vida estuvo vinculado con el campo, donde su curiosidad y su admiración lo llevaron a relacionarse con la gente de a caballo, aprendiendo la esencia de la doma.
Considera un “don” el manejo que tiene de los animales, pero valora muchísimo la experiencia que le dieron los años para conocer y entender esta actividad. Tras una hora de charla en sus caballerizas de la bonaerense Lincoln, a 300 kilómetros de la gran ciudad, dice: “Es muy difícil explicar la doma. Mi mujer [Mónica Isla] explica mejor que yo lo que hago. Te diría que esto tiene más que ver con la sensibilidad que con la imposición…”. Y es cierto: cuando se lo ve al trote con los redomones, no hay violencia. Esa comunión entre jinete y bestia es la necesaria para el polo, la disciplina ecuestre en la que más conocido es.
Ponerle números a lo que “Polito” hace sería un contrasentido. Su filosofía se basa en la gran memoria que tiene el caballo; por eso él apuesta por el largo plazo y la enseñanza gradual: todos los días un poco, sin forzar nada, ya que la misma capacidad que ellos tienen para fijar lo bueno está también para registrar y conservar lo malo.
Para Ulloa, un caballo bien domado es el suave de boca, que no necesita más que un filete para ser manejado. Y un buen domador, el que de un lote de caballos saca iguales a todos. Le gusta domar a campo, utilizando los pingos en las tareas cotidianas como para que vayan perdiendo el miedo, cuestión de que a la hora de jugar en una cancha, unos años después, puedan pechar, imponerse. Le gustan “los caballos corajudos”. La doma comienza cuando le traen los potrillos de alrededor de dos años y medio, llamados “chúcaros”. El animal que está en la primera etapa del proceso es el redomón, y se le corta las crines dejándole un mechón característico por tradición. Cuando la doma está avanzada, el animal pasa a ser el “redomón corriente”, y cuando ya se encuentra domado, se denomina “caballo”. Si la doma fue defectuosa, se le dice “sancochado”.
El sistema de “Polito”, amoldado a la gran demanda que tiene, consiste en montar todos los días los lotes de caballos durante cuatro meses, dejarlos descansar dos meses y luego volver a montarlos. Y la enseñanza de los giros, la parada y el recule, y de aceptar el filete y la montura, tarda entre seis y diez meses, aunque Ulloa admite que cada animal tiene su “personalidad” y sus tiempos. “Es fundamental la prudencia, que, para mí, es la mezcla de inteligencia y paciencia”, advierte. Y sí: su mirada y su andar transmiten esa paz.
LA NACION

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