Quebrar los límites

Quebrar los límites

Por Santiago Dapelo
No hay imposibles. Eso es lo que inspiran los Viacava. Ésa es la primera respuesta de quienes los rodean, protegen y comparten su vida. No se trata de la historia de un luchador solitario; es la vida de tres hermanos, una familia, que encontraron en un club, CUBA, y en un deporte, el rugby, el camino para la integración. Matías, de 18 años, Santiago, de 17, y Gonzalo, de 13, juegan al rugby en el Club Universitario de Buenos Aires, pero la particularidad es que Matías y Gonzalo tienen síndrome de Down.
El rugby como catalizador. Ése es el espíritu que se respira en la casa de los Viacava. La transformación de un problema en esperanza. “El rugby les da un lugar de pertenencia. Un lugar donde pueden desplegar sus habilidades físicas y motrices. Estamos muy agradecidos con el club, los compañeros y los entrenadores porque nos abrieron las puertas sin ser socios”, dice Mausi Nicholson, la madre de los chicos.
Los tres se divierten juntos. La producción de fotos los motiva, sobre todo a Mati, como le dicen todos, que aprovecha la ocasión para entrar en calor. Minutos después entrará nuevamente a una cancha de rugby. Su equipo, el de Menores de 15, recibió en Villa de Mayo al Stade Français de Chile, y hacia allí partió la familia entera para vivir un día especial. Es que cada vez que entra a la cancha sus compañeros lo reciben con aplausos y desde las tribunas sólo hay gritos de aliento.
Apenas pisa el club, todos se acercan a saludarlo. “¡Grande facha!”, es el grito que lo recibe en la entrada del comedor. Todo es pura sonrisa. Mati se funde en un abrazo con todos sus compañeros. “Ver jugar a Mati te hace sentir que podés lograr todo lo que te propongas; que no hay imposibles”, sostiene Facundo Jantus, uno de sus amigos.

DOWN IS UP
No fue fácil. Nada sencillo. Esto nació con esfuerzo y sacrificio. Alejandro y Mausi se relacionaron con otros padres con chicos con capacidades diferentes y así nació el grupo Down is up. Con el objetivo de superar juntos las dificultades y generar un lugar común para que sus hijos compartan un espacio común con otros niños con síndrome de Down, se juntaron cada 15 días. “Nos vamos acompañando en este camino. Siempre fomentamos la integración”, explica Mausi. Con el resto armaron el blog Downisupgrupo.blogspot.com (downisup@fibertel.com.ar), donde cuentan todas sus experiencias.
El primero en acercarse al rugby fue Santiago. De a poco, Mati y Gonza (hoy en M10) comenzaron a interesarse por el deporte que practicaba su hermano. “El primero que me preguntó si Mati podía jugar al rugby fue Santi. Me dijo ¿Y por qué no? Y ahí, pese a los temores lógicos, arrancó todo”, explica Nicholson, que agregó: “Es muy tenaz; es pura garra. Y hoy quiere ser Puma; la verdad es que Mati nos la hace fácil. Gonza, en cambio, es un seductor”.
La cita con los chilenos se acerca. El llamado de los entrenadores los pone en alerta: llegó la hora de cambiarse para el partido. Con ellos va Mati, que ya está listo para la acción. A su lado está Santi, que sigue cada paso que da su hermano.
“Es único; me pone feliz verlo jugar”, dice Santi, que lo mira con orgullo apoyado en la reja que bordea la cancha 2 del club. Los chicos corren por la cancha, se pasan la pelota, gritan, juegan, se divierten. Mati disfruta con sus amigos.
“La presencia de Mati aniquiló el bullying [acoso]. Los chicos lo pusieron en un lugar especial y se generó una reacción inversa. Mati le voló la cabeza al grupo y le hizo ver qué cosas son importantes. También es muy gratificante ver cómo mejoró él. Estar con él es como tener una sobredosis de alegría; siempre está con una sonrisa. Tenerlo a Mati con nosotros nos abrió el corazón a todos”, dice Marcos Ortiz de Rosas, entrenador de la división junto a Federico Benítez Cruz, Máximo Bach, Martín Harris y Francisco Gallardo.
“Es una alegría enorme tenerlo con nosotros. Ayudó mucho a la convivencia; con él en el equipo hay más alegría”, sintetiza Juan Cruz Mesigos, uno de los 80 jugadores que todos los domingos transpiran la camiseta con Mati. En el mismo sentido se expresa Santiago Ezcurra, que da una mano con la preparación física: “Gran parte de lo que el grupo es se lo debemos a él”.
Es que la camiseta y CUBA son una parte central de su vida hoy. Mati es un joven de pocas palabras. Según explica su mamá, es su mayor dificultad, pero eso no le impide expresarse. Hace dos semanas, tras golear a San Cirano -CUBA Y San Cirano compartían la punta-, Mati habló por primera vez frente a todos sus compañeros. Ya habían hablado sus entrenadores y su capitán. Pero la ovación fue para el pilar: “CUBA, mí casa”, dijo, y se ganó el aplauso de todos. Con esas tres palabras sintetizó lo que simboliza estar ahí con sus amigos.
Alegría es la palabra que mejor se ajusta a lo que pasa alrededor de los Viacava. Sonríe Mausi, sonríe Alejandro, el padre; sonríe Gonza, el “seductor” según sus padres y lo mismo hacen Santi y Mati; lo hacen porque están felices.
LA NACION