Mujeres anarquistas

Mujeres anarquistas

Por Alejandro Schang Viton
El escritor ruso Leon Tolstoi escribió que son las mujeres las que crean la opinión pública. Pero se quedó corto: la historia del Río de la Plata demuestra que fueron aún más lejos, sobre todo las anarquistas, que, entre la mitad del siglo XIX y principios del XX, con ideales y activismo lograron metas que hoy se considerarían más que modernas.
Fue difícil para estas libertarias, llamadas ácratas, sembrar ideas anarquistas en suelo argentino. Debieron sortear el impermeable machismo criollo, la represión dictatorial, la ignorancia de los mismos compañeros ideológicos y las barreras bajas de una sociedad patriarcal. Sin Dios, sin patrón y sin marido, tal como afirma Manuel Murrieta Saldívar en el ensayo escrito de Cristina Guzzo Las anarquistas rioplatenses 1890-1990.
Este grupo heterodoxo de mujeres sostuvo férreamente los postulados de Luce Fabbri, anarquista de origen italiano, nonagenaria y optimista, que dijo: “La utopía es el motor de la realidad y la anarquía, su orden más profundo”. Sin preocuparse demasiado por hallar una definición pura de la esencia del anarquismo, ellas, con pantalones y pañuelos rojos voladores, no arrojaron bombas estruendosas ni destrozaron vidrieras con furia, sino que iniciaron tímidamente la difusión de sus ideas en publicaciones creadas por ellas mismas y ejerciendo un activismo apasionado, influidas por el pensamiento de Rosa Luxemburgo, Emma Goldman, Flora Tristán, Erico Malatesta, Pietro Gori y Luigi Fabbri, entre otros no menos perseguidos. Sin embargo, hoy las veríamos más cercanas a Krishnamurti que a Unabomber, porque su anarquismo fue humanista, pacifista, alejado de las convenciones sociales y, ante todo, genuino.
Según Guzzo, la aparición de las anarquistas en el Río de la Plata surge en 1880 con los nombres de Virginia Bolten, Teresa Caporaletti, Pepita Guerra, Ana María Mozzoni y Juana Rouco Buela, entre otras.
Fechas para comparar: la primera publicación anarquista feminista francesa fue de 1838, La voix des femmes. Mientras que el primer periódico anarquista argentino fue El descamisado y data de 1879. Pero, mucho antes, la uruguaya Petrona Rosende de Sierra dirigía La aljaba en 1830, época de Juan Manuel de Rosas. En 1952 circuló también La camelia, dirigida por la argentina Rosa Guerra, y un par de años después apareció Album de señoritas, fundada por Juana Manso de Noronha.
Otra revista con ideas parecidas fue La voz de la mujer (1896-1897), que proclamaba la jornada laboral de ocho horas, demandaba el derecho al amor libre y despreciaba el poder. Apareció una veintena de años después que La alborada del Plata (1877-1880), dirigida por Juana Manuela Gorriti, que debió exilarse, como tantas otras libertarias, por no caerle simpática al régimen rosista.

EL LUGAR, LA CASA
En su libro ¿Qué es la propiedad?, el anarquista francés Pierre Joseph Proudhon (1809-1965) destaca la inferioridad femenina y afirma que “el lugar de la mujer es la casa”. Antes de que agregara un “vayan a lavar los platos”, gran parte de la comunidad ácrata le dio la espalda. Y se produjo una escisión: las anarquistas se opusieron a todo interés por el voto por razones doctrinarias y se dividieron entre libertarias y socialistas sufragistas, que incluyeron como líder a Alicia Moreau de Justo.
La acción anarquista por estos lares fue mayor entre 1890 y 1910. Según datos de la policía de principios de siglo, había en nuestro país unos 6000 anarquistas, y 1500 estaban en Buenos Aires. Muchos llegaron de Italia, tras la muerte de Humberto I de Saboya, y de España. Escritores de la época, como Evaristo Carriego, Florencio Sánchez, José de Maturana, Rubén Darío, José Ingenieros y Leopoldo Lugones colaboraron en revistas de origen anarquista. La antorcha es una de ellas.

LIBERTAD LAMARQUE, TAMBIÉN
En 1907, Juana Rouco Buela animó a las amas de casa a unirse a la huelga contra los desalojos a inquilinos. En 1914 se opuso a la Primera Guerra Mundial. Cinco años después ayudó a formar la Federación Obrera de la Aguja, uniendo a costureras, cortadoras, sastres y camiseros en un mismo sindicato. Dictó conferencias y, sorpresa, en una de ellas aparecía entre el público Libertad Lamarque, a los 12 años, hija del anarquista Pedro Lamarque.
Buela se hizo amiga y camarada de la uruguaya Virginia Bolten, que había dirigido la huelga de las costureras rosarinas, editó La voz de la mujer, organizó varias huelgas y, naturalmente, llegó a integrar la comisión de huelga femenina en la Federación Obrera Argentina
En tanto, Salvadora Medina Onrubia (1894-1972) es otro ícono anarquista local de los años 20. De La Plata, maestra, periodista, escritora y profesora de teatro, adaptó Blancanieves y Caperucita Roja, entre otros cuentos de Charles Perrault para que los chicos pudieran ver en el teatro. Además, fue la descubridora de la poeta Alfonsina Storni, a la que protegió durante su enfermedad incurable. Colaboró en las revistas Fray Mocho y PBT , fue la primera colaboradora mujer en La Protesta y la primera socia de Argentores. Colaboró en Crí tica, el periódico de Natalio Botana, con el que se casó tras una turbulenta historia de amor y tuvo tres hijos.
Fue también muy renombrada allá por los años 20 la española anarco espiritista Belén de Sárraga, que, según sus biógrafos, utilizaba los mensajes del más allá para dar un sentido político y combativo en sus actividades en el más acá.
LA NACION