Los dos técnicos que brillan con luz propia

Los dos técnicos que brillan con luz propia

Por Carlos Beer
Todo evoluciona en la vida. El deporte también. Y ahora le toca al polo. Entre otras tantas cosas, este 2013 quedará marcado por la consolidación de los coachs en los equipos. Ya nadie duda de su importancia. Incluso anteayer, cuando La Natividad quedó fuera del torneo, Guillermo Caset habló de la necesidad de su equipo de tener un DT. La mayoría de los equipos ya están un paso más allá: hasta utilizan los videos para sacar información propia y ajena.
A Milo Fernández Araujo y Clemente Zavaleta la vida los reencontró después de muchos años. Juntos, con Pingüinos, en 1993, ganaron el torneo por la Copa Cámara de Diputados. Ahora cobran protagonismo por ser los coachs de La Dolfina y Alegría, los finalistas de Palermo 2013. Aunque sus historias en cada equipo son distintas: el primero se sumó este año el conjunto de Cañuelas y Zavaleta tiene un añejo vínculo con la organización del canadiense Frederick Mannix.
“Con el solo hecho de buscar a alguien se dieron cuenta de que tenían que cambiar algunas cosas. No hay duda de que ellos saben hacer las cosas, pero se ve que nunca se las decían entre ellos. Yo no tengo ninguna influencia en el juego, sólo participé en la unión del grupo. Hablan de mí porque es lo que está de moda. Como todo en la vida.” El que habla es Milo Fernández Araujo, eterno cultor del perfil bajo y técnico desde este año. Desde la primera fecha del Abierto de Tortugas, los jugadores de La Dolfina lo nombran repetidamente factor determinante en el cambio de actitud del equipo en esta temporada. “Después de ganarle a La Natividad los llamé y estaban cenando los cuatro juntos. Eso me gusta. Se dieron cuenta solos de que los equipos se hacen dentro y fuera de la cancha”, agrega.
Zavaleta tiene una larga historia con Alegría, y así la cuenta: “Soy coach, manager y administrador. Empecé con ellos hace ocho años y en ese momento el coach era mi hermano Julio, que jugó 20 años con Frederick Mannix padre. Tres temporadas atrás, cuando estuvo Mariano Aguerre en el equipo, empecé a ser el DT”. En líneas generales coincide con el pensamiento de Fernández Araujo sobre el trabajo del coach. “Durante el partido hay que tratar de que el equipo conserve la calma y mantener fría la cabeza de los jugadores. Tienen que tener buena onda y tirar todos para adelante, ayudarse. Si hay errores en el sistema lo vemos en semana”, comenta Zavaleta.
A Milo no le gusta hablar demasiado de su trabajo y de sus tácticas. Clemente es más abierto. “Todos los detalles suman para ganar. Los datos estadísticos sirven. En el partido contra Magual los datos de ESPN dijeron que tuvimos 24 remates al arco y convertimos nueve. Eso no puede pasar y comenzamos a trabajarlo. Filmamos, sacamos conclusiones y después lo hablamos entre todos. Es muy democrático”, cuenta el coach de La Dolfina. “A mí me ayuda Martín Piluso para tener los datos de los saques y los throw-ins de los otros equipos. Todos los equipos deberían tener alguien que los ayude dentro de la cancha y con estadísticas. El que no lo tiene está dando una ventaja”.
Con La Dolfina como indudable favorito para la final, cada uno comenta cómo encarará el trabajo previo desde lo táctico y lo anímico. “Seguro que por handicap somos favoritos, pero no lo seremos en la tribuna porque siempre la gente se inclina por el más débil. Es lo normal. Lo que tenemos que trabajar es lo mismo de toda la temporada: no relajarnos nunca”, analiza Fernández Araujo.
“Con la salida de Nero cambia todo el partido. Juan Martín es el mejor back del mundo. Si con él teníamos alguna chance, sin él podemos tener alguna más. No vamos a cambiar nuestra sistema de juego. Sí pensar algunas estretagias. Vamos a tratar de ganar. No nos conformamos con llegar a la final, la cabeza pide más. Si no, por lo menos tener una actitud honrosa. Apuntamos por lo menos a eso”, afirma sereno y seguro Zavaleta.
Se viene una final inédita en la historia del Argentino Abierto. Y también se destaca por ser la primera con un protagonismo tan marcado de los dos coachs. Es la nueva era del polo.
LA NACION