“El 30 de octubre de 1983 fue un día hermoso”

“El 30 de octubre de 1983 fue un día hermoso”

Por Nicolás Eisler
En sus comienzos, luego de recibirse de socióloga, dio clases en el área de Salud Mental. “Nada que ver con esto”, comenta Marta Valle. “Esto” es la Dirección Nacional Electoral (DINE), el lugar en que trabaja desde 1982 y desde donde el 30 de octubre de 1983 fue testigo privilegiada del triunfo de Raúl Alfonsín. “Caí de casualidad, porque me había quedado sin trabajo y necesitaban una socióloga para hacer un perfil del empleado público. Cuando me entrevistaron quise aclarar que me lo tomaba como algo transitorio, así que desde hace 30 años estoy transitoriamente en la DINE”, bromea Valle.
–¿Cómo llegó a la DINE?
–Después de la Guerra de Malvinas se resuelve llamar a elecciones y el ministro del Interior (Yamil) Reston decide armar la Dirección Nacional Electoral. Llegué de casualidad, porque me había quedado sin trabajo y necesitaban una socióloga para hacer un perfil del empleado público. El director era un coronel, Alberto Luís María Borla, que pertenecía al gobierno militar.
–¿Sus colegas tenían alguna experiencia en elecciones?
–Casi ninguno de los que estábamos trabajando tenía experiencia en elecciones anteriores. El único era un jefe del Departamento de Programación Operativa, dedicado a la impresión de padrones, que ni siquiera los armaba el Ministerio, sino la Justicia. Fue una etapa muy interesante, en septiembre-octubre de 1982 empezamos a ver cómo lo armábamos, qué hacíamos. Nos pusimos a buscar cómo se habían hecho las elecciones de 1973. Por suerte José Usar, el subdirector, había participado.
–¿Y cómo hicieron?
–Fue una etapa muy creativa. Empezamos a relevar información de todos los lugares posibles. Desde el Congreso Nacional y lo que encontráramos aquí en el Ministerio. No había demasiadas cosas. Se vivía un ambiente muy lindo… Había que hacer los padrones, evaluar qué sistema electoral se iba a aplicar y había que aprender a hacerlo. La convocatoria a nivel nacional era un sistema de representación proporcional distinto al de 1973, que era por elección directa y no por Colegio Electoral. En 1983 se volvió al Colegio Electoral.
–¿Había muchos militares trabajando en la DINE?
–Éramos muy pocos empleados en general y trabajábamos en Gobierno, en la Casa Rosada. Mi oficina estaba en un entrepiso y daba al Patio de las Palmeras. Estaba todo muy restringido. El día de las elecciones nos instalamos en la Sala B del Centro Cultural General San Martín lugar en donde se daban a conocer los resultados. Esa costumbre duró hasta 1989, cuando se trasladó al Correo Central. Los resultados parciales se proyectaban en filminas: es increíble cómo cambió todo eso. Las filminas las proyectábamos en pantallas, de a dos por provincia cada 20 minutos o media hora.
–¿Cuánto tardaron en contar los votos?
–El recuento grosso de datos duró hasta las 5 de la mañana. Y los números más finos estuvieron después. Debe ser así: hay lugares de muy difícil acceso, sobre todo los accesos de frontera, donde tarda más en llegar. Todo eso se agilizó bastante. Pero siguen existiendo zonas donde, por ejemplo, no se puede acceder si no es con mulas. Si llueve, hay lugares a donde no se puede llegar de ninguna forma, incluso habiendo comunicaciones con vía satélite. La geografía de nuestro país es muy extensa y por momentos complicada… Me acuerdo una vez que desbarrancó una mula, con la persona del correo que traía las actas y las urnas. Se salvó, pero no hubo manera de recuperar los materiales.
–¿Para el armado obtuvieron información de de otros países?
–Nos basamos mayormente en lo local. La geografía argentina es muy diferente a la de otros países como Brasil, Paraguay o EE UU y países de Europa. Se trabajó mucho con el Correo Argentino que en ese momento era del Estado y también con ENTEL. Teníamos instaladas líneas directas con todos los distritos y podíamos comunicarnos con sólo apretar un botón. Era lo más avanzado que existía. No había nada de computadoras. Cuando procesamos los datos, utilizamos máquinas de escribir y la sumatoria se hacía con máquinas que tenían rodillo. Era un trabajo chino. Las resoluciones se escribían a máquina en hojas con carbónico. Pasaron 30 años pero los cambios son increíbles. Ahora pasamos las cosas por mail. En ese momento era por fax, una novedad absoluta.
–¿Qué hizo el día de la votación?
–Fui a votar muy temprano y ya había bastante gente esperando. Expliqué al presidente de mesa que debía entrar a trabajar temprano… La espera fue muy larga: a las 9:30 llegué al San Martín y no me fui hasta las 16 del día siguiente. De todos modos a las 21, cuando empezaron a llegar los faxes de las provincias había una tendencia clara a favor de Alfonsín.
–¿Cuánta gente trabajó?
–Mucha, porque no solamente era gente de la DINE, sino gente que pedíamos al resto del Ministerio. Desde el momento en que se creó la Dirección, pedíamos que nos mandaran gente, porque no dábamos abasto. Los militares tomaron como modelo las elecciones del ’73 para determinar el número de diputados. Pero había que hacer una serie de decretos de convocatoria, de cómo se iban a regir, sobre qué Código. En general se respetó el sistema electoral del ’73. Era todo nuevo. con muchas posibilidades de pensar, analizar, discutir.
–¿Cómo era la organización?
–Recibíamos la información de parte de los juzgados, que son los que reconocían a los partidos… Teníamos que dárselo armado al Correo para que coordinaran con el soporte técnico de IBM. Por otro lado estaba la gente de Entel para ver a dónde tenían que instalar las líneas telefónicas. Era un despiole total y el tema era que los datos que teníamos nosotros debían ser iguales que los de los Correo. En el orden que aparecían los partidos, para cada provincia y para cada departamento debíamos tener exactamente el telegrama. Con la Ley de Lemas nos volvimos locos. Teníamos que hacer dos pantallas: una para lo nacional y una para lo provincial. Cada departamento provincial tenía partidos diferentes, pero después tenías que ver qué pasaba en cada distrito…
–¿Recuerda algún momento de zozobra?
–El 30 de octubre del ’83 fue todo lento pero bien. Pasamos momentos de zozobra… En una elección, no recuerdo si fue en 1995 o 1997 estaba la llamada Alianza de Recuperación Ética. En el Correo estábamos haciendo las abreviaturas para poner en las pantallas, como UCR, PC, PJ, etcétera. Cuando hacíamos el último control, el candidato de esa Alianza me llamaba permanentemente y yo, que estaba como loca, no lo podía atender. Teníamos que tener todas las tablas coincidentes con los nombres de los partidos y las chequeábamos una y otra vez. Y el tipo seguía llamando. A las 18 del sábado estaba por irme a casa y escucho que se ríen a carcajas. El tema era la sigla de la Alianza de Recuperación Ética: Al Recu Et. Pobre hombre, estaba desesperado. Al final obtuvo el 0,01% de los votos… terminamos sacándole la U.
–Fue dejar un legado.
–Hubo mucha emoción, porque sabíamos que lo que hacíamos era escribir historia.
–¿Pensaban que iba a durar la demoracia que se estaba construyendo?
–Creíamos que sí. Veíamos un gran deterioro en las posibilidades de las Fuerzas Armadas. Malvinas fue un hito que comenzó la debacle y, al menos desde mí, había una idea de Nunca Más. En ese momento había dos corrientes bien marcadas: radicales y peronistas. El 30 de octubre de 1983 fue un día hermoso: más allá de quién ganara estaba en el aire esa alegría de sacarse de encima a los militares.
–¿Cómo evalúa la evolución de los partidos tradicionales?
–No puedo tomar distancia porque me siento involucrada. Aún así no puedo decir que el kirchnerismo sea exclusivamente peronista. Un contraejemplo es el radicalismo, que se ha transformado en una fuerza conservadora, mientras que en el kirchnerismo está la posibilidad de cambio y por eso hay gente de otras corrientes. No sé qué va a surgir de esto. Sí sé que depende de lo que hagamos nosotros en este momento. Por supuesto que la situación de Argentina es muy distinta a la de ahora respecto a Latinoamérica.
–La situación del continente era distinta. En la década del ´70 en todos los países de la región había gobiernos dictatoriales…
–El sentido de la unidad latinoamericana no estaba arraigado. Ahora, si el Mercosur, la Unasur, la CELAC se consolidan y se amplían van a surgir cosas muy interesantes. Lo que pasa es que ese recorrido va a implicar una guerra de poderes muy fuertes. Y no sólo económicos, sino en también en la justicia.
–¿Ve relación entre el presente lo que sucedió en 1983?
–Lo del ’83 creo que fue fundante, porque de alguna manera, hubo efervescencia. Fueron chicos que habían nacido con la dictadura y no tenían ni la más remota idea de lo que era discutir de política. Y eso es un poco lo que está pasando ahora: entre 1989 y 2001 fue la época del desprestigio de la política, pero todo estuvo muy orquestado. Entonces, que haya vuelto a resurgir eso en la gente joven en distintos partidos, tanto de la izquierda como de la derecha es muy importante. Cuando algunos escarben un poco se van a dar cuenta de que se puede ser de derecha y tener conciencia de que hay que repartir, de que la riqueza no puede estar concentrada en pocas manos y de que el único camino es la unidad latinoamericana.
TIEMPO ARGENTINO