Aprender para toda la vida

Aprender para toda la vida

Por Eduardo Cazanave
Lo importante en el aprendizaje no es lo que leemos y memorizamos, sino lo que incorporamos mientras no nos damos cuenta. Nadie recuerda todo lo estudiado en el primario, secundario o universidad, casi todo se olvida. Lo que permanece son las habilidades aprendidas, los valores, los vínculos, la superación personal, la tolerancia a la frustración, la capacidad de investigar, el saber hacer preguntas, los criterios para saber dónde buscar las respuestas, el pensar por uno mismo, el respeto por la mirada del otro, etcétera.
Lamentablemente, en nuestro país el sistema escolar está centrado en los contenidos, con una mirada enciclopedista y una función pasiva del alumno. Las tradicionales evaluaciones indagan sobre los conceptos y datos, y la calificación numérica con promedios por trimestres mide el resultado, pero olvida casi siempre el proceso. Muy por el contrario, en los doce colegios que pude visitar recientemente en los Estados Unidos, los alumnos son protagonistas de su aprendizaje. Las clases son activas, participativas; en ellas priman la investigación, el planteo de problemas, el aprendizaje cooperativo y la diversidad. Basta mirar la distribución de los bancos en grupos, las alfombras didácticas para aprender sobre el piso o incluso el uso de los pasillos como espacio de aprendizaje. La tecnología acompaña esta mirada, pero la enseñanza no depende de ella. El alumno bien podría investigar en una enciclopedia y escribir en un papel. Tienen Wi-Fi, notebooks, iPads, ya que, de este modo, tienen mayor acceso al saber social disponible en la Red. Pero lo incorporan con naturalidad, ya que el foco no está puesto en el instrumento, sino en la capacidad del alumno de usarlo con eficiencia, en clase, la biblioteca o en casa. Los docentes llevan al aula su café, presentan el desafío, muestran los caminos de solución y guían el trabajo, alentando desde las carteleras a superarse y monitoreando constantemente lo que sus alumnos realizan. Saben, grandes y chicos, que lo que hoy logren va formando lo que serán mañana.
En el Alverno College, de Milwaukee, centran el aprendizaje en ocho habilidades con un método probado y eficaz, formando maestras de avanzada. Ayudan a que cada institución identifique las habilidades que quieran formar en sus alumnos, puedan generar métodos de observación de los mismos y organicen las materias que más impacten en cada una de ellas. De este modo, enseñan para todos y logran que aprendan todos, cada uno a su modo, ritmo e identidades diversa, priorizando el proceso por sobre el resultado. Por supuesto que los contenidos no son neutros y los resultados no son indiferentes, ya que no hay aprendizaje sin algo que aprender y algo que lograr.
La selección de los contenidos implica valores culturales y sociales. Pero mientras que lo que se aprende se olvida, las habilidades quedan en la persona del que aprende para toda su vida, haciéndolo artesano de su personalidad y protagonista de su aprendizaje. En definitiva, lo que aprendemos mientras aprendemos es lo que permanece, todo lo demás está en Wikipedia.
LA NACION