“Yo sólo queria ser el mejor”

“Yo sólo queria ser el mejor”

Por Osvaldo Principi y J.Saul
Es el hombre que volvió de la muerte. Con una esperanza de vida que, según sus palabras, debería haber rondado por los 25 años, Mike Tyson disfruta, lejos del boxeo y bien cerca del espectáculo, de sus 44 primaveras. Aferrado a la religión y a su familia, el viejo y áspero Iron Mike le cedió el paso al Tyson que disfruta de cada momento, junto a un reducido grupo que integran su tercera esposa, la simpática morena Lakiha, sus hijos, sus amigos de la infancia y su manager. Y avisa, sin rodeos: “No quiero hablar de lo que hice antes. Eso es parte de otra vida, de otro Tyson. Esta persona que ven es la que soy ahora”. En la primera entrevista que el ex campeón de los pesados le concede a LA NACION, el portento de Brownsville lanza golpes pausados, a puro inglés de barrio bajo y con un seseo que lo acompaña desde aquellas peleas de pandillas entre los amigos de Mike de Brooklyn contra los chicos malos del Bronx .
Su tiempo en la Argentina lo reparte entre el hotel y los estudios de televisión. Tyson ya no pelea, sino que muestras sus pericias en los ritmos musicales de “Bailando por sueño”, el programa que conduce Marcelo Tinelli y produce Ideas del Sur. Antes batía récords de pay-per-view y ahora acumula puntos de rating. Cambiaron los códigos, pero sigue siendo el mismo hombre que moviliza a las masas, ya sea por aquellos que lo idolatran, como para los que le recuerdan sus años en prisión por haber sido acusado de violación por la concursante del Miss Black America Desiree Washington, en 1991, o su polémico cruce con Evander Holyfield, a quien le mordió las orejas en el ring del MGM Arena de Las Vegas. Temas vedados en el juego de preguntas y respuestas. Como hace dos décadas, Mike no conoce de términos medios.
Se acomoda, no muestra mucho interés inicial hacia el reportaje y nos anticipa una dura porfía que de a poco irá modificando. Empieza a mover sus puños al ritmo de las respuestas. Lo hace desde un camarín sin mucho espacio. No le importa. Su cruda infancia la pasó en hogares con tamaños similares. Se reconoce fanático de Carlos Monzón, de Diego Maradona, del Che Guevara -de quien tiene un tatuaje- y de una Argentina con la que encuentra demasiados puntos en común.
-Si armamos un ranking de los mejores pesados de todos los tiempos surgen Rocky Marciano, Muhammad Ali, Joe Frazier… ¿En qué lugar ubicamos a Mike Tyson?
-¿La verdad? No lo sé. No sabría bien en qué posición ubicarme, ni me preocupa. Ya es un orgullo si ustedes me consideran dentro de esa lista, junto con esos nombres, por lo que no está mal tener cualquier posición. Segundo, tercero, no importa el lugar. Lo importante es que a uno lo consideren junto a ellos.
-Campeón del mundo, un tipo duro, un número uno. Todos saben quién es usted, pero, para sus adentros, ¿quién es Mike Tyson?
-Yo sólo quería ser el mejor. Y supe cómo hacerlo.
-Después de todo lo que vivió, de lo bueno dentro del boxeo y de lo malo fuera de él, ¿cómo cree que ve la sociedad a una persona como Tyson?
-Hablando en general, creo que nadie sabe realmente quién es cada uno, ni qué es lo bueno para cada persona. Uno conoce gente que disfruta la vida con dignidad, que tiene hijos y nietos y que piensa que así ha elegido el camino correcto de la vida. Puede ser eso, pero en realidad son un montón de cosas. No sé cómo lo ven a Tyson, pero yo miro la vida desde la perspectiva de que hay que dar todo. Mi límite es la vida.
-Siempre mostró admiración por el ex campeón Sonny Liston y su vida tiene muchas situaciones comunes con el pasado de Jack Johnson, el primer campeón mundial pesado negro (1908-1915) que debió soportar presiones raciales, sociales y políticas. ¿Se ve reflejado en él?
-No, para nada. Son diferentes tiempos. Muy distintos y lejanos. Me están hablando de un hombre que fue campeón hace 100 años. Era muy diferente la vida en mi país? muy diferente y pasó mucho tiempo de aquello. Además, yo soy un hombre distinto a Johnson.
-¿Sintió pena a la hora de noquear a un rival, sobre todo a alguien “viejo” como Larry Holmes, en 1988?
-No, yo no peleo por casos personales. Yo hago mi trabajo y mi tarea es ganar, simplemente.
-¿Cuál fue su mejor pelea?
-Seguramente fue la que más le gustó a la gente.
-¿Qué siente al ver su cinturón de campeón en poder de los hermanos Klitschko (Vitali y Wladimir)?
-Nada en especial. Hay que respetarlos. Hacen su trabajo y ganan.
-Un seguidor del boxeo argentino como usted, ¿se imagina una pelea con Luis Angel Firpo?
-Sí, ¡el Toro salvaje de las Pampas! (grita y sonríe, quizás en su primer gesto descontracturado de la charla). El mismo que peleó con Jack Dempsey en 1923. Era un tipo duro, fuerte. Sería una linda pelea. Quizás era algo torpe, pero grande y fuerte. Un tipo de esos que te empujan y que te pueden tirar fuera del ring.
-¿Y con Ringo Bonavena?
-Uff? eso sí que habría sido bueno. Un combate difícil, muy duro y con el condimento ideal de buenos golpes. Eso sí, yo tengo una versión menos graciosa de lo que se conoce de su vida acá. Cosas que escuché en los Estados Unidos que intimidan. Era un tipo amable, pero que se metió en temas complicados.
-Viajando hacia acá en el tiempo, ¿qué sabe Mike Tyson del campeón argentino de los medianos Sergio Maravilla Martínez?
-¿ Seryio ? (grita otra vez, tratando de decir bien el nombre). Lo conozco, no lo vi pelear, pero sé que es un buen boxeador argentino. De los que están ahora también me gustan Manny Pacquiao y Floyd Mayweather. Son buenos boxeadores, buenos boxeadores (repite una y otra vez). Siempre me gustó mucho el boxeo latino. Vi grandes deportistas, gente que admiro mucho, como el puertorriqueño Wilfredo Benítez o el nicaragüense Alexis Arguello. ¡Eran sensacionales! De Roberto Durán aprendí mucho viéndolo pelear, fue uno de los mejores, quizás el mejor de todos, al igual que Leonard, Hagler y Hearns. Tuve mucha influencia de boxeadores hispanos en mis comienzos, sobre todo del puertorriqueño Edwin Rosario, que fue mi gran amigo y compañero en mis primeros años de carrera.
-Dentro de la buena relación que tiene con Diego Maradona, ¿se puede considerar a Tyson como el Maradona del boxeo?
-Maradona es un amigo. No sé si soy lo que fue él. Yo sólo hice lo que tenía que hacer. Los dos pasamos por cosas difíciles en nuestras vidas.
-Era un tipo duro, impenetrable. Ahora disfruta de bailar, del show-business (tras participar en “Bailando…” se fue al estreno en Los Angeles de la película “Qué pasó ayer 2”) ¿Cuál es la diferencia entre ese Iron Mike y este hombre dedicado ciento por ciento al espectáculo?
-Lo que pasó antes forma parte de otra vida, de otro Mike Tyson. Ésa es mi vieja vida. Lo que ven acá es la persona que soy ahora.
-¿Y qué hay después del baile, de cada en ensayo?
-Suelo irme a la habitación y le dedico el tiempo a mis hijos, a darles de comer y hacer todas esas cosas que me corresponden como padre.
-No era de disfrutar mucho arriba del ring, pero ahora se lo nota sonriente. ¿Qué es la felicidad para alguien como usted?
-Creo que la felicidad es disfrutar el momento. Eso es lo que importa y hoy me importa estar con mi familia.

uro y pensativo en el inicio de la charla, termina incluyendo a los periodistas dentro de su grupo íntimo que lo alienta mientras ensaya. Ya no quiere micrófonos y sólo necesita unos abundantes platos de frutas frescas, agua mineral y muchos aplausos. Esos mismos gestos del público que sentía cada vez que noqueaba sin dejar respirar al rival. Quienes festejaban sus golpes demoledores sobre los rings hoy celebran sus pericias en el baile. Es parte del nuevo Tyson, el hombre que disfruta de la vida.
LA NACION