Vaticinios a corto, mediano y largo plazo

Vaticinios a corto, mediano y largo plazo

Por Alejandro Schang Viton
Una previsión a corto plazo, para dentro de 10 años o menos, siempre peca de un exceso de optimismo. Una previsión a largo plazo, para más de 10 años, es conservadora”, escribe el especialista en ciencia y vaticinador estadounidense Harry Stine, autor de Siglo XXI . Sin embargo, un historiador de renombre como Herodoto se animó a anunciar que el mundo duraría 10.200 años. Y el mitológico Orfeo apostó a 120.000 años. Esta manía por anunciar fechas caóticas estaba instalada en la vida de los pueblos primitivos: en muchas latitudes se hablaba de diluvios universales y otras catástrofes que la humanidad soportaría como broche de oro al final de su recorrido. Una de esas voces, Aristarco, que predijo la ruina general de la humanidad para 2484, es sólo una más en una lista extensa de videntes -muchas veces evidentes-, que, tal como Arnaldo de Villanueva, no mostraban vergüenza al asegurar a grito pelado que todo terminaría en 1395.
Así como hace seis décadas el sismólogo aficionado Raffaele Bendandi (1893-1979) vaticinó que el miércoles último un terremoto destruiría la capital italiana y se llevaría por delante el mítico Coliseo, e incluso la basílica de San Pedro, con otro estilo Nostradamus profetizaba el triste, solitario y absurdo final de la Tierra para cuando “la Pascua coincidiera con un 25 de abril”. Esto sería en abril de 2038, lo que permitirá comer huevos de chocolate por unas cuantas Semanas Santas más.
Otro, John Hilten, fijó la fecha en 1651 y la sobrevivió con una muchedumbre indignada que pedía su cabeza. También erraron muchos más, que expresaron con naipes; fórmulas; explicación de leyendas chinas, mayas, aztecas y mensajes de otros mundos que éste, el nuestro, estallaría en mil pedazos.
En la otra vereda, la de los que vaticinan un largo porvenir, los santos tampoco se callaban y los historiadores señalan, por ejemplo, que San Vicente Ferrer, dominico español (1350-1415), anunciaba que pasarían otros 2537 años como si nada. Algunos, como Gerónimo, Agustín y Cipriano -según Colin De Plancy en su Diccionario de profecías y profetas -, auguraban al planeta como mínimo otros 6000 años.
Hay futurólogos convencidos de que la Tierra tiene cuerda para rato y que aún es un sitio apto para perplejos y curiosos. El arqueólogo estadounidense Richard Mac Neish expresa que entre 2015 y 2030 se efectuarán los primeros viajes tripulados a Marte. La mayoría de las personas que abandonarán la Tierra para ocupar puestos de trabajo permanentes en el espacio exterior serán mujeres. “Para 2030, los espaciales formularán una declaración de independencia de los terrestres”, vaticina.
Entre tantos otros que coinciden con la profecía de la conquista del espacio exterior, el estadounidense Richard Berry, ex director de la revista Astronomy , profesor de física y ex veterano de Vietnam, presagia: “Se producirán graves crisis de recursos -similares a la del petróleo de la década del setenta- en relación con otros vitales elementos industriales como el mercurio, el cobre, el estaño, la plata y el cadmio. A menos que se exploten las fuentes extraterrestres de estas materias, la falta de estos elementos irá acompañada de chantajes de carácter político”.
Malcolm Boyd, sacerdote episcopal y autor de ¿Corres conmigo, Jesús? , predice que entre 2020 y 2030 surgirán más religiones. “Una titánica batalla entre aquellos que son favorables a un estrecho, cerrado y protector punto de vista de la religión -a través de los rígidos dogmas y la teología-) y aquellos que desean aportar humanidad a la idea de un Dios . Habrá también un regreso a la acción social religiosa mientras la gente trata de hacer frente a los problemas de supervivencia, energía, alimentación, medio ambiente y libertad.”

La familia del futuro
En su libro El barrio urbano , la socióloga estadounidense Suzanne Keller pronostica que la familia como institución será mantenida por un 40% de la población en 2020.” El matrimonio será elegido por una minoría que quiera descendencia. Para el resto, las relaciones entre hombres y mujeres se parecerán a las amistades provisionales, en el sentido de que serán voluntarias y constituirán el reflejo de más necesidades no sociales, sino personales”. El autor de La tercera ola , Alvin Toffler, refiere que dentro de un par de décadas “los progenitores trabajarán en sus casas, equipados con computadoras, y millones de adolescentes podrán estudiar en sus hogares, a menudo teniendo como profesores a sus padres. El resultado será una unidad familiar más estrecha”.
Sobre la mujer del futuro, la periodista estadounidense Helen Gurley Brown escribe en su libro El sexo y la muchacha soltera que hacia 2030 la mujer será esbelta. “Las caderas y los estómagos flácidos no volverán a estar de moda. Habrá disminución de matrimonios. Sexo, menos, a causa del aburrimiento producido por la total libertad sexual. La ropa será sintética. La cultura dará una vuelta hacia los años 70.”
Y hay más: el futurólogo estadounidense Arnold Brown supone que en 2030 habrá un gran incremento de hogares con huertos domésticos, “debido a la inflación y a la gran recesión que afectará a la clase media. Cualquier objeto anterior a 1945 podrá convertirse en coleccionable. Y la semana laboral será más corta, quizá menos de 30 horas”.

La Argentina, también
Edgard Cayce, psíquico estadounidense que vaticinó que el eje polar de la Tierra se inclinaría y haría desaparecer -entre 2025 y 2030- el norte de Europa, anuncia lo mismo para el sur de Alabama, Georgia y las dos Carolinas. “Quedarán sumergidas bajo el mar”, especifica.
Y, más acá, las psicografías del vidente argentino Benjamín Solari Parravicini anuncian para estas fechas, década más, década menos, que “llegarán los siervitos en sus carros viejos, pintados de blanco, vistiendo de blanco, enseñando el emblema de una cruz celeste, sobre un mundo naranja en el que se leerá PAX. Llegarán los siervitos, niños caritativos, ellos vendrán de toda clase social y religiosa. Dispuestos a tender la mano a todo niño humilde, necesitado, sin hogar. Dispuestos a enseñarles sanas costumbres, limpieza, arreglo de casas y habitaciones, colegios, calles, plantas, jardines, ropas”. Además, afirma en una psicografía de 1937 que la Argentina “sufrirá la tormenta en pequeño, lo que luego azotará al mundo”, “será ejemplo y samaritana del mundo”.
LA NACION