Ejes de una mirada personal del mundo

Ejes de una mirada personal del mundo

Por Alberto López Girondo
Mucho le debía Juan Domingo Perón al embajador de Estados Unidos Spruille Braden. Porque desde fines de 1945 venía haciendo una campaña en contra del coronel que se candidateaba para los comicios de febrero del ’46. Y eso facilitó la identificación de los votantes con el líder popular consagrado el 17 de octubre. “Braden o Perón” definiría esa elección tanto como el futuro de las relaciones con la potencia que acababa de ganar la guerra.
La Doctrina de la Tercera Posición, equidistante tanto de Estados Unidos como del bloque soviético, en plena Guerra Fría, era todo un desafío intelectual y político. Ese fue el planteo que el peronismo llevó a la arena política internacional ni bien llegó al poder. También fue un desafío desde el punto de vista económico. Perón calificaría así a su ideario: “Pensamos que tanto el capitalismo como el comunismo son sistemas ya superados por el tiempo. Consideramos al capitalismo como la explotación del hombre por el capital y al comunismo como la explotación del individuo por el Estado. Ambos ‘insectifican’ a la persona mediante sistemas distintos.”
Desde ese lugar equidistante, Perón intentó construir un argumento sólido para la paz. Lo expresó en un mensaje a los pueblos del mundo que envió a mil emisoras radiales, incluso la BBC de Londres. “La labor para lograr la paz internacional debe realizarse sobre la base del abandono de ideologías antagónicas y la creación de una conciencia mundial de que el hombre está sobre los sistemas y las ideologías, no siendo por ello aceptable que se destruya la humanidad en holocausto de hegemonías de derecha o de izquierda”, decía. Lo repetiría en 1973 en un mensaje para la IV Conferencia de Países No Alineados en Argelia: “Deseamos vivir en paz con todas las naciones de buena voluntad del mundo.”
Entre los fundamentos de su política exterior, que Perón solía desgranar en el diario Democracia bajo el seudónimo de Descartes, pueden mencionarse: la igualdad jurídica de todos los Estados soberanos; la fraternidad y cooperación política y económica, la amistad con todos los países del mundo cualquiera fuera si signo ideológico.
En el orden regional, su prédica queda resumida en una de las frases que lo inmortalizó. “En el año 2000 nos encontrará unidos o dominados.” Así fue que rescató un viejo acuerdo entre los países del Cono Sur de 1915, el Tratado ABC, para reavivar una alianza entre Argentina, Chile y Brasil en 1951. Lo firmaron Perón, el brasileño Getulio Vargas y el chileno Carlos Ibáñez del Campo. Desde Washington, esta política fue leída como un intento expansionista de un militar autocrático.
Los años de la posguerra fueron de un avance incontenible de Estados Unidos sobre la región, con la creación el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (el fenecido TIAR) en 1947 y de la OEA en 1948. También del Plan Marshall para la reconstrucción de Europa, algo que terminó castigando a los países latinoamericanos y especialmente a la Argentina, que no pudo colocar sus productos en un mercado cerrado a las ventas estadounidenses. Por entonces, además, comenzaba a rodar la maquinaria de la Organización de Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad sería presidido en un momento crítico –cuando se instauraba la partición de Alemania– por el argentino Juan Antonio Bramuglia, primer canciller del peronismo.
Luego de 18 años de exilio, el viejo líder volvería al país para asumir un tercer mandato, en octubre de 1973. También en este caso, la política interna iría de la mano de la internacional y el plan pergeñado por el ministro de Economía José Ber Gelbard incluiría la apertura al bloque socialista. De hecho, ese plan estaba en vigencia desde mayo, durante el breve período presidencial de Héctor Cámpora. Entonces se reanudaron las relaciones diplomáticas con Cuba, bloqueada y expulsada de la OEA desde 1962, y con la China de Mao Zedong, se profundizaron acuerdos con la Unión Soviética. Un dato no menor es que el país a esa altura estaba rodeado de gobiernos derechistas. En Uruguay, tras el autogolpe del 27 de junio de Juan María Bordaberry, y en Chile, con el del 11 de setiembre contra Salvador Allende.
Aún en esas condiciones, Perón buscó un acercamiento, ya no como la alianza soñada en los 40 sino más apurado por la realidad estratégica. Es así que cierra todos los conflictos limítrofes con Uruguay a través de la firma del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo en noviembre de 1973. Buscó, por otro lado, asociarse mediante emprendimientos energéticos como Salto Grande con Uruguay, Yacyretá con Paraguay, y el de minas de hierro de Minarense y Corumbá con Brasil. Salto Grande, de hecho, cuenta con turbinas fabricadas en la URSS. Los acuerdos con el Kremlin continuaron vigentes incluso luego del golpe de 1976.
Un gesto fuerte fue otorgar un crédito a Cuba de 1200 millones de dólares para la compra de vehículos fabricados en Argentina. Dato revelador es que los fabricantes, Chrysler, Ford y General Motors tenían prohibido por las leyes estadounidenses comerciar con la isla. Fue necesario un permiso especial del gobierno de Richard Nixon para romper el bloqueo, una medida no repetida hasta hoy. Otro gesto no menos fuerte fue, en plena crisis petrolera, acercarse al gobierno del líder libio Muammar Khadafi.
Perón quiso arreglar definitivamente el problema Malvinas en 1974. Y como recordaba el ex diplomático Carlos Ortiz de Rozas, que participó de las negociaciones, estaba avanzado un non paper con el gobierno británico de entonces para abrir las puertas a un condominio que permitiera ir avanzando sobre la soberanía plena.
Entre sus últimos actos figura un viaje a Asunción para entrevistarse con el presidente Alfredo Stroessner. El acercamiento al dictador fue una señal al pueblo paraguayo con perspectiva histórica, porque le devolvió trofeos de guerra tomados por las tropas argentinas en la Guerra de la Triple Infamia. Fue un 13 de junio y los historiadores señalan que el viaje resultó fatal para la alicaída salud de Perón, que resistió una insistente llovizna que le habría producido un cuadro de pulmonía. El 26 de junio de 1974 tuvo tiempo de firmar el último de los contratos entre las automotrices argentinas para la histórica venta a los cubanos. El 1 de julio moriría en medio de la congoja general.
TIEMPO ARGENTINO