Historia del movimiento obrero: Ideas sobre su ascenso y descenso (Parte I)

septiembre 19, 2012

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Por Carlos Felice
Es cierto, hay un absoluto desprecio social por la labor del movimiento obrero.
También es cierto que quienes lo critican no tienen la menor idea de lo que este movimiento social implica, ni conocen cómo fue el factor preponderante en las primeras décadas del siglo XX del levantamiento del sistema de explotación del proletariado del que se servían, en gran medida,  aquellos que hablaban en forma patriótica (con símil retórica a la actual), y reprimían desde la oligarquía (la genuina, no ésta, berreta, de consumo mediático), especialmente a los componentes inmigratorios que ella misma había traído al país para aprovecharse de mano de obra explotada, y del campesinado.
Pero quiero dejar por lo menos mi testimonio. Hay que contar la historia, aunque ya fue contada tantas veces, sobre qué es el movimiento obrero organizado en la Argentina y para la Argentina. Es una temática extensa. Lo haré por entregas y espero interese y despierte a que alguien oiga.
El demonio CGT tiene fecha de nacimiento, la “Confederación General del Trabajo”, va de los años del Centenario (Centenario!!), a la revolución de 1930, a su creación. Hacia 1918, el sindicalismo (éste que cualquier delfín ningunea, desprecia y ofende), mediante huelgas (qué barbaridad), trata de recuperar el poder adquisitivo del salario y las condiciones de vida y de trabajo, que tanto se habían deteriorado con la crisis de la Primera Guerra. Si no esperaba la ayuda del gobierno radical, contaba al menos con la promesa de no recurrir a la fuerza (léase hoy: jueces adictos) para ahogar las aspiraciones de los trabajadores.
En medio de las luchas reivindicativas, el mundo asistía y saludaba el triunfo bolchevique, sin embargo, aunque en auge en Europa, en Argentina las ideologías anarquistas que habían impregnado a los sectores revolucionarios no podían contagiar de espontaneidad a las masas para su estallido. Las masacres consecuentes como método de concepción selló el desprestigio de las tácticas anarquistas, pero el SINDICALISMO conservó su intransigente posición anti política. Frente a ella, socialistas y comunistas sólo pudieron acercar al campo de la acción política a pequeñas fracciones de la clase trabajadora.
La oleada de prosperidad de 1920 permitió un relativo mejoramiento de la situación de los trabajadores, la política generalmente conciliadora de los radicales atenuaron el enfrentamiento con el Estado y llevaron a algunos sectores hacia una actitud negociadora.
Es paradojal -y pocos  lo saben, quieren saberlo, o recordarlo-, pero el 12 de Octubre de 1916 acontece un hecho crucial para las luchas del régimen oligárquico: el sufragio popular permite la ascensión a la presidencia de la Nación de Hipólito Yrigoyen.
Si bien anarquistas y sindicalistas despreciaban las posibilidades abiertas para la limpieza electoral, y no esperaban demasiado de las leyes protectoras que el nuevo gobierno prometía, la realidad es que el gobierno de Yrigoyen se situó por encima de los intereses de clase, trató de armonizarlo, actuando como juez imparcial, aunque su justicia no excluyó la paternal protección de los débiles y necesitados (hoy, cuando leo ciertos comentarios, creo que la debilidad de estos nihilistas contemporáneos y vacuos, es mental).
Ablandó Yrigoyen el aparato represivo del Estado y surgió entonces el verdadero posicionamiento. Los sectores patronales se aprestaron a defenderse por sus propios medios. La Asociación nacional del Trabajo coordinó la resistencia empresaria frente a las denuncias obreras, promoviendo lock-outs, listas negras, reclutando rompe-huelgas y presionando a los patrones más propensos a ceder. Por su parte la Liga Patriótica Argentina organizó bandas que atacaban reuniones obreras, asaltaban locales sindicales, asesinaban militantes e intentaban crear un clima de terror.
Si para 1916 el movimiento obrero se había reducido a su mínima expresión, en los años siguientes adquirió una extensión e intensidad sin precedentes. Marítimos y ferroviarios (el eterno retorno [teoría griega] es mucho más  que eso, ¿no?), estratégicamente ubicados en la estructura agro-exportadora y organizados en poderosas federaciones, iniciaron este resurgimiento de la actividad sindical. La prestigiosa y poderosa actividad desarrollada por estas Federaciones prestó su ayuda a cuanto movimiento se le pidió, siendo decisivas en la organización de otros gremios.
En estas circunstancias, no solo revivieron los gremios tradicionales, sino que la organización sindical se extendió a nuevas aéreas sociales y geográficas.
Algunos sectores de las clases medias, como los empleados de comercio, bancarios, maestros y periodistas libraron entonces sus primeras luchas.
Por otra parte, la organización sindical penetraba en regiones donde hasta entonces había imperado la arbitrariedad patronal. En el norte de Santa Fe. En el Chaco y en Formosa, donde estaban los feudos de La Forestal y de Las Palmas del Chaco Austral, estallaron las primeras huelgas, lo mismo ocurría en los yerbatales misioneros y en los puertos de la Patagonia, donde se organizaron diversos sindicatos.
Las primeras huelgas en esas remotas regiones en donde el poder absoluto de las empresas era reforzado por el aislamiento y la impunidad, fueron violentamente reprimidas. Junto con los policías locales, elementos armados por las empresas perseguían y asesinaban a huelguistas y dirigentes sindicales, creando un clima de terror.
Ejemplo y culminación de ese ambiente de violencia imperante, tanto en la ciudad como en las zonas periféricas, fueron dos episodios que conmovieron a la Argentina de ese momento: la Semana trágica y losfusilamientos de la Patagonia.
Termina la década del 20, los piquetes de huelga de los talleres metalúrgicos Vasena son ametrallados por las fuerzas policiales, el general Dellepiane iba armando un formidable aparato represivo, esas jornadas de enero de 1919 sacudieron fuertemente la clase obrera, en tanto los acontecimientos de la Patagonia llegaron atenuados en esos días agigantados en estas décadas.
La Sociedad Obrera de Rio Gallegos había logrado organizar a los peones rurales, dirigiéndolos en una huelga que logró sus objetivos. Desalojados y expulsados, peones de las estancias y los hoteles se juntaron en partidas que requerían caballos y provisiones, el Gobierno decidió mandar tropas al mando del teniente coronel Héctor Varela, que persiguieron implacablemente a los huelguistas, y multiplicando los fusilamientos colectivos. De esta manera en los primeros días de 1922 el territorio quedo pacificado.
Hay mucho más, mucho más, en la década del veinte, 1 de mayo de 1921, ataque sangriento con muertos y heridos contra obreros de Gualeguaychú, asesinatos -meses después- de choferes en la Unión de choferes en Bs As, etc. Pero debe ponerse el punto en algún lugar, y en esta suscinta recorrida podemos decir, a aquellos que no conocen lo que el movimiento obrero y sindical ha representado y representa en la defensa de los intereses soberanos de la Nación, que terminada la década de 1920, la conciencia proletaria creció diariamente, y comienzan a advertirse la ventaja de la sindicalización y la mirada de este movimiento hacia los problemas sociales.

Carlos Felice

Carlos Felice es abogado, político y dirigente sindical. Es el Secretario General de la Unión de Trabajadores del Turf y Afines (UTTA) y también Presidente de la Obra Social del Personal de la Actividad del Turf (OSPAT). Impulsor reconocido de la restauración de la actividad del turf a nivel nacional, extiende su promoción a todo el territorio argentino reivindicando condiciones más justas para todos los trabajadores de la actividad.

http://www.carlosfelice.com.ar

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